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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 28 de septiembre de 2010

Barcelona en "el corredor de la muerte" / Por Pedro Javier Cáceres


Barcelona en "el corredor de la muerte" 
La Fiesta en "lista de espera"


Por Pedro Javier Cáceres

Feria de la Libertad (antes La Mercé), 
Barcelona, septiembre de 2010.

A “toro” flaco todo son pulgas.
El original del refrán castellano hace referencia al perro y no al toro. Pero valga el “sustituto” por adecuarlo a la temática que nos ocupa.

Feria “flaca” en origen.
Hipotecada por las regulares (de regular y no regularidad, que también) entradas o aforos registradas durante la temporada con figuras compareciendo: Juli, Ponce, Morante, Manzanares, Cayetano, El Cid, El Fandi, Talavante, los mediáticos, los catalanes y los “modestos” de agosto. Hasta se indultó un toro de Valdefresno por parte de Miguel Tendero.

Castrada en la esperanza que más pronto o tarde pudiera estar José Tomás, único, comprobado, torero capaz de movilizar a las masas barcelonesas y fletar un par de aviones y tres o cuatro autocares de “fuera”. Incluso hubieran “tocado” a peregrinación si el torero garantizase su presencia de “paisano” en sus dos citas habituales. No lo hizo.

Sentenciada a muerte pautada desde el 28 de julio.
En este ambiente de flaqueza sobrevienen las “pulgas” de los apoyos en precario, que luego cobran su peaje, y el “virus” de las sustituciones dejando el enfermo a su albur “desenchufado” de plasma y oxígeno.
Así la feria se anunció ya con ese aspecto “raro” y enfermizo que presentan esos personajes adelgazados, antes orondos y ahora —más que esbeltos- “escuchimizados y esmirriados”, tal que te dan ganas de darles para un bocadillo. 

Las grandes figuras de cierto tirón y éxitos recientes en esta plaza, Ponce y Juli, no vieron rentable su acartelamiento conscientes de la situación, creen haber cumplido con haber acudido una vez en la programación 2010. Igualmente Cayetano, que sin ser figura, despierta cierto interés. Otros como Castella y Perera no lo consideraron, ya, al comienzo de temporada. 

No hay que reprocharles nada, son profesionales, pero que no se llenen la boca de su “amor por Barcelona” y se “rompan la camisa” pidiendo ir a la guerra para sacarla del “corredor de la muerte”: toreros, figuras, remedando al “capitán Araña”.

Así, hasta la corrida de rejones se vio desprovista del aliciente de programar un Barca-Madrid, en caballo, por el contencioso permanente de Hermoso y Ventura. Los toreros de “la casa”, Manzanares y Fandi no objetaron de la “disciplina de partido” y Morante “hizo el favor” para medio rematar el cartel estrella. En el otro se anunció El Cid, consciente que en el momento que atraviesa, muy bueno, y los precedentes del comienzo de temporada tenía más que ganar en Barcelona, aun sin arropado; un triunfo sin gente en los tendidos, pero en Barcelona tiene repercusión mediática.

Y surge el “iluminado” de turno para “vender” la necesidad de cambio de letrero de la Feria de La Mercé por el de Feria de la Libertad. ¡Agua!

La Mercé, confusa y confundida, se dejó querer, en un intento más por reivindicarse. Y no se sabe bien, si pasto de oportunistas, o del quiero o no puedo, agentes externos manipularla en beneficio propio para mediante la Barcelona taurina vehicular reivindicaciones patrias y ataques al nacionalismo con menos medios, voluntad y fuerza que un “gitano en un juzgado” como se ha evidenciado estos tres días. El cuento del “alfajó” y quinientas entradas globalizadas entre un intercambio publicitario y gran dosis de “patilla”.

Ocurre con los débiles, que despiertan un sentido compasivo inducente al paternalismo y a la demagogia barata de soflamas de apoyo cuando la realidad es una: Barcelona está sola. Su empresario, su afición, sus plataformas y sus circunstancias. 

Están solos. Barcelona está sola. 

Surgen las incidencias de última hora: cogidas, lesiones, etc. Manzanares, el mayor aliciente, y casi único, de este abono, no se recupera a tiempo. Su sustitución es prolija. 

Ni hay escalafón disponible, ni —lo más lamentable, aunque en este trabajo sea “letra pequeña”- ni banquillo. Esta es la plantilla raquítica de la torería actual a la que se ha llegado en el momento más delicado de La Fiesta y a la que no son ajenos en su irresponsabilidad los propios toreros propiciando sus desigualdades y taponando la promoción de otros que no sean “uno de los suyos” refugiándose de tres en tres del clan argumentando que es la única forma de llevar gente y hacerse fuertes para cobrar un caché que contablemente es falaz. Luego está el pasar el guante, las figuras, por pueblos y gaches. Eso sí, se reúne cuatro o cinco a comer, se les ocurre les reciba la ministra y propalan que esta vez sí están unidos, todos. Lo de todos, es término ambiguo si no se hace antes inventario de existencias.

Estábamos con la sustitución de Manzanares. 

Ni tiró el abono de temporada —se sacaron 300- cuando prematuramente se conoció la ausencia, sine die, de José Tomás (Como el hombre, “no es bueno que el toreo esté solo”…pendiente de uno), ni cuajó el de la presente Feria -200 más-. 

Con las taquillas desiertas en las vísperas del sábado, sin mayor temor de devoluciones, “echaron humo” los teléfonos para conseguir la plaza por aquellos que habían dejado buen sabor de boca y ambiente. Jóvenes promesas, de medio recorrido, o veteranos en segunda juventud de acuerdo con el empresario querían hacer bueno aquello de que los puestos se ganan en la plaza con la espada y la muleta. Pero no.

Los favores, más tarde o temprano, giran cobro a 30,60 o 90.Morante pide uno por delante cuando se había anunciado abriendo cartel. Tela. Y luego viene el baile de corrales y “zalduendos” para elegir una corrida al límite entre el toro y el novillo gordo, o sortear un encierro “entreverado” que enfade “lo justo” a un público que, por encima de todo, hay que divertirlo, proyectar que así ha sido y reflejar un saldo importante de orejas: “todo por la patria” para que el fin justifique los medios.

Pasó lo que pasó. 

3.000 personas en los tendidos. Reapareció El Tato, en buen son y cortó su oreja por torero y entrega que se reflejó en su arrojo en la suerte de matar cayendo herido con un cornada de tres trayectorias en la axila. Hubo que conceder, al menos, dos sobreros, que para Barcelona es “nota”, con sus correspondientes protestas y enfados por chicos e inválidos. Los sobreros, de Parladé, con otro porte y condición. El Fandi anduvo tan solo en banderillas y no siempre. Y surgió Morante, al tran tran. Preciosismo y apostura. Flamenquería, ¡arte! Lo mató, dos orejas, atisbos de apoteosis, paseo largo por las calles aledañas a hombros y todos contentos. El fin justificó los medios (repito), pero como todo en la vida real, más cuando está en precario (muy), tras la borrachera llega la resaca que aflora “la mentira piadosa”.

Sí sirvió para meter más gente ayer, domingo: bienvenido sea. Casi media plaza, no esta mal. Día en que se cumplía el XXVI aniversario de la muerte de Paquirri por lo que se guardó un minuto de silencio. Su hijo mayor, ahora anunciado de la misma forma, no pudo homenajearle con triunfo. Discreto trasteo para estar por encima de un toro que no dio facilidades. Ni toro ni torero lograron mayores cotas en el cuarto.

El Cid tampoco disfrutó de animal propicio para lucir más en el segundo, del hierro de Vegahermosa como el que abrió plaza. El quinto, Jandilla, fue el prototipo de toro par que El Cid, en gran momento, mostrara su mejor versión. Templado y sentido, por ambas manos, rubricó con una estocada una actuación de dos orejas.

Serafín Marín, catalán y barcelonés (Montcada y Reixach) salió muy motivado para consentir las asperezas de su primero y lograr tras una estocada cortar la oreja por firmeza y entrega. La feria y la temporada terminaron con euforia colectiva. Serafín Marín se encontró con un buen Jandilla ante el cual hizo un trasteo intenso que ante la ansiedad por salvar Barcelona propició la catarsis y sobrevino el indulto. Ya se sabe: Barcelona es bona si la bolsa sona. Y en los toros también.

Barcelona, los toros, en el “corredor de la muerte”. Ha empezado la cuenta atrás, sabido es y responde a la “crónica de una muerte anunciada”. La Fiesta en lista de espera, a punto de ser publicada en cualquier B.O por ausencia de destinatario, rechazo de este o domicilio desconocido.
Barcelona son hechos consumados, a pesar de todo lo triunfal, por derecho, o triunfalismo; salvo que a última hora el viaje programado por lo toreros al Circo Price (sede del Ministerio de Cultura) se cambie por una excursión a Fátima o Lourdes, o a las dos, que hay elenco para doblar delegación.

¿La Fiesta?, está por ver. Pero no hay peor ciego…