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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 29 de septiembre de 2010

GANADEROS / Por Aquilino Sánchez Nodal


Fotografía en blog Agustín Hervás

 
 G  A  N  A  D  E  R  O  S

 Por Aquilino Sánchez Nodal

     Es domingo voy a la plaza de toros, y el mundo es mío. El precio del placer de ver una corrida de toros es el tiempo invertido, mal o bien. Esperar toda la semana para llevar mi espíritu a la felicidad de sentir esa emoción que encierra el universo en la muleta de un matador y poder retener completo en mi memoria, siete días, un natural majestuoso o una estocada perfecta son maravillas que saborean los aficionados. La temporada en España se acaba, es hora de reflexión.

     La profesión de ganadero encierra un secreto conocido que airea y descubre la televisión mejor que nada. Sin pudor ni explicación por parte de los “jabones parlantes”, pitones astillados, indecorosos y sospechosos, se nos brindan a diario ¡Cierto!.
     Antiguamente los ganaderos se reunían con mucha frecuencia en locales seleccionados por ellos mismos. En Sevilla en el bar Gayango. En la plaza mayor de Salamanca, en el café Novelty. En la taberna Antonio Sánchez, en Madrid. Los días de feria eran asiduos a tertulias improvisadas, sin referencia a su categoría en cualquiera de ellos. Oigámoslos:
-         Que temporadas llevamos. ¿Cuantos toros te han quedado?. 
-         ¡Que preguntas tienes, los mismos que a ti!.
-         Y más que hubiera habido, ¿no es eso?
-         He oído que los matadores ya no quieren toros chicos, que la temporada que viene
exigirán el toro hecho, íntegro y con presencia.
-         Hombre … de la corrida del otro día me han dicho, de buena tinta, que “ese” torero
que sabemos no iba a Madrid si no se arreglaban los doce pitones. ¿Será verdad? ¿Hasta en Madrid?.
-         Puede ser, los románticos no se acaban. Podía haber dejado uno sin tocar como
muestra, para los aficionados, de cómo estaban antes y vieran las puntas que tenían.
-         Si en un pueblo torean figuras y dejan un toro sano es  “mojón” sin arreglo posible.
-         Bueno dejemos de criticar, vamos a hablar en serio. ¿Vosotros creéis que esto durará
mucho?.
-         ¿Qué, el toro “anovillao” para las figuras, el desbarajuste veterinario, la
incompetencia de la autoridad, las sanciones por el afeitado, la subida del precio de las corridas, que los toros no se caigan o que los toreros no se manchen la faja?. ¡Pues claro que se acaba!. La fiesta no tiene salida tal como está. Los aficionados se están cansando de fraudes y problemas y hay mucho de las dos cosas en España y lo que quiere la gente es divertirse de verdad y por las buenas.
-         Has mezclado, gente con afición y son dos cosas diferentes. La gente está harta y el
aficionado añora el toro que presentábamos hace años.
-         Un momento, si lo quieren ahora, ¿por que no lo exigen?.
-         Que se lo den es otro cantar.
-         No lo entiendo.
-         Me explico, los que van a las plazas lo hacen por instinto y siempre son los mismos.
Como no les ofrezcamos mejores festejos, ¡vamos “apañaos”.
-         Realmente ahora todo vale. ¿Recordar aquellos tentaderos de antes!. Mandábamos
cientos de vacas al matadero sin remisión. Ahora no nos preocupan las hechuras de las corridas, no tenemos la pesadilla de Madrid, ni regateos de precios, ni lucha con la competencia.
-          Tienes razón, debemos apreciar estos tiempos en los que cualquier “churro” tiene
comprador.
-         Ahí es nada. Se coloca lo mismo una corrida chica que una de desecho.
-         Y ¡Allá va el becerro! …
-         ¡Y venga cortar orejas y rabos!.
-         Un refilón y cambia el tercio, ¡Así dura más la faena!.
-         Y la gente en los tendidos enloquecida aplaudiendo tan contenta. Gritan ¡fuera los
picadores!. Pobrecito toro, ni que fuera de mazapán.
-         No podemos tirar piedras a nuestro tejado.
-         Calma, tranquilidad. Estamos solos. Nadie nos escucha. Los toros pequeños se
venden mejor que nunca. Las figuras contentas sin exponer un alamar. El público venga aplaudir, sacar pañuelos y dar broncas a presidentes rancios. Esto es bueno para nosotros. Y ¡magnífico para la fiesta!.
-         Ponga otra botella de vino.
-         Que gozada de autoridad, hasta un becerro insignificante cuela por toro.
-         A mi se me saltan las lágrimas de risa cuando veo alguna corrida mía en un pueblo de
“entendidos”. Protestan al primer “picotazo” ¡Basta que lo estas matando! y cambian a banderillas y con un par tocan a matar, y el becerro “esmochao” ni ha tenido tiempo de saber donde está.
-         … Y eso es hablando de corridas de toros, que si se miran los demás festejos.
-         ¡Mutis!. Solo se comenta lo relativo a nuestro negocio.
-         Pues yo tengo la ilusión de que figuras del toreo lidien una corrida mía.
-         Tu siempre con manías. Lo tuyo es para quien es. Pero, quien sabe,
quizás algún año próximo los “maestros” se apunten a una de las tuyas..
-         Sí, en el matadero.
-         Hoy se torea más cerca y el toro tiene que dar menos miedo que los de antes. ¿Tu
crees que a un toro de los que criaba tu “agüelo” se le podía dar un molinete de rodillas, tocarlo un pitón o un pase mirando a una chavala de la contrabarrera?.
-         ¿Y no es más bonita una faena de ahora que las “quitamoscas” de antes?
-         Bueno, pues sigue esperando que las figuras lidien tus toros. ¡Verás que pelo crías!.
     Ahora toca charlar de las habas, los piensos, de lo malo que está el campo, lo cara que es la paja, la cebada, el gasoil …..
     Es el momento de dejarles con sus cosas ellos saben lo que se dicen. A los aficionados no nos interesa el derrotero que ha tomado la conversación. Como siempre,  pura farfolla y poca verdad.
Toro de Alcurrucén en Bilbao