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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 28 de septiembre de 2010

¿HUELGA? / Por Luis Ibañez



                ¿HUELGA?

Por Luis Ibáñez
Madrid, 28 de Septiembre de 2010
            Mañana, miércoles, todos los trabajadores estamos llamados a la huelga general convocada por las centrales sindicales CC.OO. y UGT. Una convocatoria que resulta un tanto peculiar. Parece chocante por inusual el dilatado plazo transcurrido desde su anuncio (antes del verano) y la fecha de realización (a toro pasado) o la calculada ambigüedad sobre contra quién va dirigida realmente: congelación de las pensiones, reforma laboral, política de derechas, etc. Como si estas lesivas medidas para los ciudadanos de a pie dimanaran de la propia esencia del orden natural, de los empresarios o de la oposición -a este respecto me permito recordaros los desafortunados videos de UGT protagonizados por Chiquilicuatre- y no del actual Gobierno pesoista (que no socialista), a cuyo frente está el mayor indigente intelectual que ha presidido la vida política española desde el siglo XIX. Incapacidad que se ve agravada por su relativismo en materia de los más elementales principios, siempre necesarios y deseables para toda persona de bien e imprescindibles en un hombre de Estado.
                Se trata de una medida drástica adoptada por las citadas centrales, no sin cierta contrariedad, tras los seis años de connivencia con el Gobierno que padecemos. No en vano el líder de CC.OO. calificaba la decisión como “una gran putada, fiel reflejo del fracaso rotundo al que se ha llegado”. Es claro que la decisión se ha tomado con dolor, pero no había más remedio que poner tierra de por medio con un Gobierno que va a dejar un palmarés inigualable: record de parados, record de endeudamiento público, reforma laboral a la baja en materia de despido y negociación colectiva, congelación de las pensiones y próxima rebaja de las bases reguladoras de las nuevas mediante la implantación de fórmulas más regresivas, rebaja del sueldo a los empleados públicos y, probablemente, en un futuro muy inmediato el establecimiento del copago sanitario y quizás la supresión de la total gratuidad en la dispensa de los medicamentos a los jubilados. Por no hablar del negro futuro que espera a nuestros hijos si no formamos parte o tenemos un amigo en la casta dominante. Ante esta intangible realidad CC.OO. y UGT se han visto obligadas a romper su luna de miel con ZP y su Gobierno, pues el mantenimiento de esta santa alianza hubiera resultado suicida y de hecho parece que ya ha tenido repercusión en pérdida de afiliados.
                Rectificar es de sabios. Pero aun así considero que ambas centrales carecen de legitimación moral para convocar una huelga general en contra de la patética situación a la que se ha llegado y en la que, por acción u omisión, tienen una indiscutible parte de responsabilidad.
                El fracaso de la huelga podría dejar aun más tocadas a las repetidas centrales, algo que no le interesa ni al propio Gobierno, que ve en las mismas un posible aliado en las próximas confrontaciones electorales y un elemento de perdurabilidad del establishment. De ahí las facilidades otorgadas por el poderoso Ministro de Fomento para lograr los acuerdos de servicios mínimos, asegurándose así la paralización de buena parte de los medios de transporte en las horas punta. De esta forma, por imperativo ucase, hasta el SEPLA o el Sindicato de Maquinistas de Renfe aportarán, posiblemente muy a su pesar, su granito de arena al “éxito” de la huelga, asegurando un impacto relevante en la normalidad laboral, pues muchos trabajadores verán reducida su movilidad en las grandes ciudades y con ello su acceso puntual a sus respectivos centros. Así queda claro el doble objetivo del Gobierno: por un lado, desea un seguimiento honroso para que las centrales sindicales salven la cara y, por otro, que tampoco sea un éxito rotundo que perturbe su precaria estabilidad y la validez de las regresivas medidas adoptadas en los últimos meses y las que están por venir.
                La huelga, tal y como está planteada, desde mi modesto punto de vista, ha dejado de ser un arma eficaz como elemento de presión. Una huelga de un día es totalmente asumible por buena parte del sistema productivo. Es más, habrá fábricas cargadas de stocks que fomenten su éxito, pues les supondrá un ERE gratuito de un día. Porque el impacto mediático estará perfectamente controlado y medido a conveniencia por los múltiples medios que controlan el propio Gobierno y sus afines. Por el contrario, para los trabajadores es un coste importante vía deducción salarial que, a mayor abundamiento, repercute en cotizaciones sociales y devengo de impuestos en un momento en que las arcas públicas están vacías.
                Me pregunto si no sería mucho más eficaz montarle una manifestación semanal al actual Gobierno aprovechando que tenemos parroquia más que suficiente, bastaría con movilizar a los trabajadores y ciudadanos con sentido social y a los propios parados. Y, por supuesto, cuando llegue la hora de la verdad, la de las urnas, se propugne el inaplazable cambio en el poder político. O luego, llegado este punto ¿Las centrales volverán a las andadas pidiendo el voto para esta “izquierda” de Martini, caviar y áticos?
                Hechas estas reflexiones,  creo que la decisión de secundar o no la huelga es algo íntimo y personal. Desde luego motivos no faltan, los hay más que sobrados para acciones mucho más contundentes. Ahora bien, tal y como se ha planteado y la actual coyuntura ¿Es un arma eficaz? La pelota está en vuestro tejado, decidid en libertad y armonía con vuestra conciencia.
                Alea jacta est.                                                            
                                                                                     Madrid, 28 de septiembre de 2010
                                                                                       Luis Ibáñez (Comisión de Trabajo del SIBE)