la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 29 de mayo de 2012

MADRID: APARECIÓ APARICIO / Por Antolín Castro



APARECIÓ APARICIO

Antolín Castro

S.I.- Sí, esta tarde apareció Aparicio, seguro y solemne se dejó ver, avanzó unos pasos y pidió a sus compañeros de terna, Fandi y Perera, que le cortaran la coleta. Eso fue justo tras el arrastre del último toro de la tarde. Y esa fue su aparición más sonora, más noticiable.

No fue la única aparición de Aparicio en esta tarde que, al contrario que la tarde anterior, justamente hace dos semanas, se hizo presente pronto en el ruedo y con una disposición diferente a la de aquél día. Se abrió de capa en tres toros, recibió tres por devolución de su segundo, y en ellos quiso estirarse. Si no le salieron bien los lances no fue culpa de las ganas, sino más bien de las precauciones. Quería estar arrebatado pero no salía, no podía.

También con la muleta quiso iniciar los muletazos con gracia pero una fuerza superior le tiraba hacia atrás en lugar de hacia delante. El torero sevillano por parte de madre -su padre un madrileño castizo- no lo dudó y en el momento oportuno, cuando ya su definitiva actuación no robaría protagonismo a sus compañeros, echó la pata p’alante y se hizo quitar el añadido. Por supuesto, no somos quienes para juzgar este tipo de decisiones pero tiene mucho de dignidad. El hecho de tener autocrítica significa que no quiere deambular por los ruedos en esas condiciones. Su situación anímica no debe ser algo transitorio. Suerte maestro en su vida privada.

Al final resulta que ese gesto, ese acto, se convierte en la parte más reseñable y emotiva de una tarde plúmbea y falta de emociones serias. Los toros blandos, -devolvieron uno pero podían haber sido dos o tres- mansos, descastados, pero con ese punto de nobleza, lo llaman así, que roza la condición de tontos de remate.

Con ese material es difícil emocionar a nadie, si bien los llegados para ocupar los asientos no abonados, así como los repescados por los abonados ausentes, sí se han emocionado o algo así con los tercios de banderillas de El Fandi o el arrimoncillo, es difícil llamarlo arrimón por las condiciones del toro, de Perera. Están en su derecho de emocionarse, aplaudir o tirarles flores (a Aparicio le tiraron un manojo de habas) si les entretiene y les gusta verles jugar con los toros.

Torear, lo que se dice torear, vimos los lances a su primero del granadino. Ha repetido esas verónicas que le vimos hace años. Lentas, pausadas, con gusto, a un toro que parecía salir ya picado de toriles por su temple en las embestidas. El Fandi lo aprovechó y dio rienda suelta a la verónica en versión gustosa y templada. Luego las carreras, el parear a toro pasado, incluso fallar repetidamente; hoy a pesar de esos aplausos no ha sido su día, pero díganles a los que aplauden que no ha estado bien. Te mirarán como si fueras marciano.

Perera ha estado, es evidente, pero no ha toreado. Su toreo se fundamenta precisamente en que los toros tengan esas condiciones descritas para apoyarse en ellas y dar sensación de valor al estar siempre en las cercanías. Pero ni es toreo ni es el valor que hace falta para estar con un toro encastado si hubiera salido. Por cierto, etapas ha habido en la carrera del pacense en que el encastado era él. No parece que sea esta etapa de ahora. Lo cierto es que falló con los aceros en ambos, de no haberlo hecho lo mismo estábamos hablando de la cuarta oreja en la feria. No fue así, los de Las Ramblas no se merecían, hay toros que sí, irse sin una oreja de esas en Las Ventas.

La Infanta Elena nos acompañó otra vez desde el palco y hoy también le brindaron los tres espadas en la segunda parte, quizá no se enteraron antes. Quedaba raro que tras brindarle Aparicio diera el mitin que dio, pero al final resulta que la ha brindado el último toro de su carrera. Quizá lo supiera ya él y no le pareciera encontrar mejor aficionada para dedicarle su adiós. La Infanta es la última persona que ha tenido su montera en las manos.
***