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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 30 de octubre de 2012

Tempestad en la México / Por Por José Luis Benlloch

Ponce frente a su primero

Tempestad en la México


Por José Luis Benlloch
El juego de los toros de Xajay dio al traste con la vuelta de Enrique Ponce a la Monumental Plaza México y acabó revirando el signo del extraordinario ambiente con el que se recibió al maestro. Lo que parecía llamado a ser un gran acontecimiento con la presencia del torero español y dos mexicanos en tiempo de competir, se fue deslizando poco a poco hacia el hastío y la decepción general. Fue un cuesta abajo sinfín ante un ganado deslucido que sucedió a lo largo de cuatro horas de festejo, cuatro horas nada menos que a buen seguro debieron tener su influencia en el desenlace final. Todo culminó con una bronca de difícil comprensión y proporciones insospechadas cuando el valenciano regaló un sobrero con el que intentar enderezar el signo artístico de la tarde.

Ni el toro era más chico que los anteriores, más feo sí lo era, ni todos los que salgan a lo largo de la temporada van a tener más trapío -al tiempo- ni mucho menos se acaba de entender que la disposición de una figura regalando un toro tuviese aquella respuesta tan agria y tan precipitada. Nada parecía lógico ni natural ni siquiera espontáneo dada la virulencia con la que se trató al matador. Los cientos de almohadillas que volaron desde los tendidos entorpeciendo la lidia y poniendo en riesgo la integridad de los lidiadores dan que pensar en algún tipo de premeditación orquestada y viejas facturas. Desde luego estuvo muy lejos del comportamiento siempre caballeroso de una afición muy apasionada en el reconocimiento y en el disgusto pero siempre correcta.

Ni la disposición del torero, que estuvo por encima de sus oponentes a lo largo del festejo -también en el toro de la bronca-, ni la historia grande que se ha labrado Ponce con su esfuerzo y arte en esa misma plaza, ni el prestigio que le ha acompañado a lo largo de dos décadas, ni el título de consentido fueron suficiente para detener aquel torrente de enfado incontrolado. Sólo cabe pensar que en la historia de un grande sólo caben los grandes triunfos y por correlación las grandes broncas. La de este domingo fue la más grande de una de las más grandes figuras del toreo. Seguramente no cabe interpretarla, sólo asumirla. Desencuentros como los del domingo únicamente se entienden en un universo de grandes pasiones. No lo razonen, sólo sueñen en el reencuentro. Nada es nuevo, al gran Lorenzo Garza de legendario recuerdo, se le conoció por el Ave de las Tempestades. No se tiene noticia que fueran más tumultuosas que las de este domingo o de las que sucedieron con el toro Notario o con el toro Protagonista, a los que Ponce cortó el rabo en ese mismo ruedo.
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