la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 30 de diciembre de 2012

CALI, 6ª: Bolívar corta la única oreja / Por Jorge Arturo Díaz.-

Diego González, herido

SEXTA CORRIDA – FERIA DE CALI 2012 
Bolívar corta la única oreja, 
se toreó mucho y se mató poco 

Luis Bolívar y El Juli se negaron a sí mismos la puerta grande y seguramente la opción de trofeo ferial con ejecuciones lamentables de la suerte suprema. Diego González protagonizó una gesta.


JORGE ARTURO DÍAZ
Burladero América / Colombia
Los herederos de Ernesto Gutiérrez, enviaron un encierro atípico. No conformaban precisamente un retrato de familia estos seis con su disparidad. Cuernas, Caras, cuerpos y sobre todo modos, no hablaban de aquellos famosos Gutiérrez que derrochan nobleza y fondo en Manizales. Hubo en alguno, quizá en el mansito dócil de la increíble vuelta, un aire lejano, pero bravura, ni por el forro Señor presidente, por favor, hay otras formas de halagar los ganaderos sin demeritar a nadie.

Afortunados estuvimos, pues ahora que Valencia, Madrid y quizá Sevilla no podrán ver al Juli, nosotros, por acá tan lejos, vimos tres; el gran maestro, el novillero hambriento y una sola figura verdadera. Sólo eso pagaba la corrida. El milagro lo propició la diametralidad antagónica de su lote. Un pastueño desganadito al que comenzó a hipnotizar con verónicas, chicuelinas, medias, orticinas, caleserinas y largas, y terminó esclavizando con una muleta que parecía mágica pues lo hacía circular alrededor de su estatua, y lo regresaba por donde parecía imposible. Dele que dele, y la plaza que se caía. Lo que hace El Juli con el toro no lo hacen los demás sin el toro. !Por esta! Con dos molinetes y uno de pecho lo igualó, lo pinchó tres veces y sin estoquear le dio con la cruceta tres más. !Ah?

El otro Juli apareció con ese quinto huido, manso de solemnidad. Cualquier otro le pega par doblones y una estocada sin que nadie le pueda chitar. Pero este no es cualquier otro, es El Juli, y como empeñado en que aún el peor de los toros tiene lidia y triunfo, tiró para delante, y cual maletilla hambriento en una capea de la oportunidad, le buscó y le buscó la cara, largamente, sin descomponerse, y le arrancó y le arrancó pases a pares y a ternas. La banda rendía honores a la torería y la muchedumbre bramaba. Era el triunfo imposible. Estocada trasera subcutánea y tres descabellos.

Dos Bolívar también vimos, y por similares razones. Al tercero, noble, aunque poco pronto y con un tris de aspereza le prodigó un recital de capa en el cual brillaron más cuatro cacerinas y una revolera para colocarlo exacto en suerte de varas. Derechas y naturales ligadas en redondo y en círculos de noria, martinetes,  flores, firmas, pechos etc, etc. en medio de una escandalera de órdago. Era otra vez el triunfo ahí, a la mano, y como para no ser menos que su padrino, medio estoque, tres yerros con el descabello, y encima, el palco viene y, sin que nadie se lo insinuase siquiera, se saca de la manga esa insólita vuelta para  el mansurrón. Hágame el favor.

Y con el sexto, manso y medio, pues, qué más, pura y terca vehemencia apresando al estulto en la muleta para que no viera escape y se moviera en órbita tras ella, una y otra y otra vez,  y el paisanaje a mil, con pasodoble y todo. Estocada y la única oreja.

Diego González, frente al peor lote, ambos mansos broncos. Anduvo aseado, correcto, impecable tal vez, hasta que nadie sabe por qué se apresuró a pinchar sin igualar y los paisanos se le enojaron. Porque la espada ha sido su cruz. Media, otra honda, y un aviso. Al primer lance el sexto le corneó. Por la tronera de la seda se veían la sangre y el boquete de la herida. No se dejó llevar. Así mermado, sereno, luchó al unipase contra la adversidad, pero ahora con una comprensión que antes le habían mezquinado. Dos en hueso y una espada contraria y delantera. Cruzó el ruedo hacia la enfermería bajo una ovación.

El encierro tuvo menos virtudes que defectos pero pese a ello la tarde se llenó de torería y de pronto se hubiese llenado también de orejas. Al final, la suerte suprema dictó sentencia. Para eso es suprema.

FICHA DEL FESTEJO
Plaza de Cañaveralejo. 6a de feria. Sol y viento. Casi lleno. Seis  toros de Ernesto Gutiérrez, disparejos de presencia, dos bajos de raza y cuatro mansos. Vuelta al ruedo al 3o, palmas al 2o y pitados los otros.
Diego González, silencio tras aviso y palmas.
El Juli, saludo y saludo.
Luís Bolívar, saludo y oreja.
Incidencias: Diego González corneado por el 4o al recibirlo de capa, después de lidiarlo y matarlo, pasó a cirugía con una cornada en el tercio superior del muslo derecho.