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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 30 de junio de 2013

El grave error de la Marca España sobre la Fiesta


Como es ya conocido, cuando el Gobierno ha tratado de definir y potenciar eso que se ha venido en llamar la Marca España, ha mostrado un desprecio absoluto por los valores culturales e históricos de la Tauromaquia, marginándola públicamente, como si les diera vergüenza o miedo --que no se sabe que es peor—reconocer que la Fiesta forma parte propia e importante de nuestras propias señas de identidad. Sin embargo, ahí siguen para quien quiera consultarlo en su pagina web, sin que desde la Administración del Estado se haya dado un solo paso por poner orden en semejante despropósito.

Sin que nadie les haga rectificar
El grave error de la Marca España sobre la Fiesta 
  • En materia taurina constituye, desde luego, el error más grave que ha cometido el actual Gobierno, hasta el punto de dejar muy en entredicho su verdadera disposición sobre la Fiesta.

Como advierte quien entra en el espacio que en internet el Gobierno ha habilitado para difundir la Marca España, el maltrato que sufre la Fiesta de los Toros, la más representativa internacionalmente de esta nación, resulta de todo punto intolerable y que sólo puede ser fruto de un desconocimiento o una incultura enciclopédica, o de unos criterios pusilánimes, inadmisibles en un responsable público.

Que desde un lugar oficial del Estado se minimice hasta extremos absolutamente increíbles los valores históricos y culturales de la Tauromaquia, no tiene posibilidad alguna de excusa, ni menos de justificación. En materia taurina constituye, desde luego, el error más grave que ha cometido el actual Gobierno, hasta el punto de dejar muy en entredicho su verdadera disposición sobre la Fiesta.

Pero, además, no deja de ser profundamente incongruente que semejante atropello lo cometa el Gobierno que promueve que la Fiesta sea declarada como Bien de Interés Cultural y que incluso se plantea las posibilidades de acogerse a la legislación del Patrimonio histórico y ahora prepara un Plan Nacional de Fomento y Protección de la Tauromaquia. Sólo cabe entenderlo como una descoordinación más y una sonora metedura de pata del singular ministro de Asuntos Exteriores que Rajoy mantiene en su Gabinete.

No deja de ser menos llamativo que los responsables taurinos en la Administración del Estado no hayan llamado la atención de su colega de Exteriores, acerca del grave error que ha cometido, para que pueda corregirlo.

Y es que si hacemos caso a los responsables de la Marca España, la Tauromaquia no deja de ser una simple “fiesta y tradición” de España, y como tal la equiparan en pie de igualdad con otras manifestaciones festivas, todas ellas muy dignas y de interés, pero que ni de lejos adquieren la trascendencia internacional de la Tauromaquia.

Por lo visto y leído, no advierten estos responsables públicos que con lo que constituye nuestro mercado natural nos unen tres lazos históricos fundamentales: la base cultural común, una misma lengua y la Tauromaquia. Les guste o no, esa es la realidad.

Si lo que les asusta es que algunos grupos minoritarios se muestren muy activos en desacreditar a lo taurino, la cuestión ya es, coloquialmente hablando, de aurora boreal. ¿Qué la Fiesta de los toros es lo que daña a la Marca España? Basta leer cada día la primera página de la prensa para darse cuenta que si tienen semejantes miedos es que no viven en este mundo y mucho menos conocen la realidad de nuestra historia y de nuestra cultura.

Sin embargo, todo el cúmulo de errores que en esta materia comete el ministerio de Asuntos Exteriores hace daño a la Fiesta. Bajo ningún concepto puede considerarse una anécdota menor. Por el contrario, se trata de un error grave, que exige su rectificación. Lo peor de todo es que los responsables de esta fechoría antitaurina no le concederán ninguna importancia. Ahí es donde dan la medida de su propia incompetencia.

Pero bien mirado, tampoco debiera asombrar tanto. Cuando sectores fundamentales de la economía española prefieren caminar por libre, lejos del pretendido paraguas de la Marca España, sus motivos tendrán. Y no precisamente marginales.