la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 5 de diciembre de 2013

Quito: Por la casa de Viteri (I) / Fotografías La Loma

Juan Lamarca y Oswaldo Viteri con el Pichincha al fondo

Oswaldo Viteri junto a la cabeza de su antepasado Sebastián de Benalcázar fundador de la ciudad de San Francisco de Quito

Excelso pintor universal, nacido en Ambato en 1931, amante de la Fiesta Brava y autor de su Tauromaquia: de estatura más que regular, tez andina, porte señero, ojos y pelo negro, contextura fuerte, mantiene un permanente amor por el pueblo del Ande de su tierra ecuatorial y está considerado uno de los más importantes innovadores en lo que va del presente siglo en medio artístico nacional y americano, habiéndose ganado el prestigio internacional.

Casa Museo de Oswaldo Viteri


"..El toro bravo cruzó el océano con alas y cornamenta para beber sediento el agua purísima de los deshielos. De fuego y de hielo estás hecho su corazón de silencio..."

El Arte y los Toros 
Por Oswaldo Viteri

La Tauromaquia para mí, desde luego apreciando en alto grado la opinión de mi buen migo Andrés Amorós Guardiola, es la esencia del arte.
El arte de torear hay que mirarlo desde l alto, es decir desde el cielo, que es donde hay que mira este arte excelso.

Si nosotros fuésemos buenos, y subiéramos al cielo, tendríamos la oportunidad de mirar la geometría del toreo. Esta se da en semicírculos, en prime lugar con la verónica, una y otra vez, para rematar con la muleta en espiral.

La pica es poder y fuerza que en todas las artes en un momento hay que emplear, para acentuar, para reforzar el ritmo en la música, la línea y el color en la pintura.

Las banderillas son el acento, el milagroso salto para alcanzar el cielo.

De dónde tanta osadía, de dónde este valor insaciable, de citar cuerpo a cuerpo. De mirar de frente a los ojos negros del toro, sino del enamoramiento. Del amor que solo se da cuando es puro sentimiento.

Los de plata son de oro, con el corazón bien rojo, que solo seles puede ve cuando están en el aire.

La muleta es poesía porque aquí se conjuga la fuerza y el poder de la fiereza que se humaniza con la del hombre, el torero que se naturaliza.

Citar aguantar y mandar es ritmo y cuando toda esta secuencia se termina con silencio esta es pura poesía.

El derechazo es verso, el natural es silencio y el de pecho el acento para concluir el verso.

Oh! fiesta en rojo y en negro, ya se acerca el momento de mostrar el blanco pecho del torero. El final no lo sabemos, nadie lo sabe, ni el toro ni el torero. 
Ni Dios mismo lo sabe, solo lo sabe el silencio.

El eterno silencio.
Por favor les pido silencio.