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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 31 de diciembre de 2013

TARDE DE TORO BRAVOS EN LA PLAZA MÉXICO: Los toros de De Haro / El Vito



FEDERICO PIZARRO SE IMPONE, Y EXIGE ATENCIÓN DEL AFICIONADO

Los toros de De Haro, los cárdenos que reivindican la historia del saltillo mexicano

TARDE DE TORO BRAVOS EN LA PLAZA MÉXICO

Fue en una reunión con César Girón la primera vez que escuché el nombre ganadero de De Haro. Había estado César en México negociando con don Valentín Rivero para comprar una corrida de Valparaiso para su despedida en el Nuevo Circo. La empresa del doctor Gaona, aprovechando la presencia del maestro en México le ofreció la corrida corrida de De Haro, a la que le habían hecho el quiebro los toreros más encopetados. Era la tarde de la alternativa a dos toreros de Tlaxcala, pues con toros y toreros era una tarde tlaxcalteca con Mario Sevilla y Raúl Ponce de León confirmando con toros de Apizaco. 
Acto cuyo testimonio estuvo a cargo de un gran torero de Chihuahua, Raúl Contreras “Finito”, a quien le recordamos en Maracay por su estupenda tarde con los toros berrendos de Santo Domingo.
Ayer, viendo la corrida que los De Haro González enviaron a la décima corrida de la temporada del 2013 en la Plaza México, recordé mucho a César Girón. A la distancia del inexorable tiempo, en la cercanía del afecto y en el espacio que surge entre los recuerdos, volví a vivír aquellos momentos, a escuchar las palabras del maestro cuando se refería a aquellos toros como “son los que te ponen en figura, porque son bravos , transmiten emoción y no son toros fáciles”.
A Girón tampoco le gustaron las mujeres fáciles. Lo difícil cuesta, y lo que cuesta vale. Es que César Girón se hizo figura superando inclementes rubicanes, tanto en América como en España.

Ayer en la arena de la Monumental hubo tres toros con la pólvora necesaria para proyectar como cohetón a un torero al plano de figura del toreo. Ese “Gonzalero”, ese primer toro de de Pizarro, tuvo la nobleza de los González al cuadrado. Recuerden que doña Martha, la madre de los ganaderos, fue González y González. 
Federico Pizarro estuvo entregado; y, por un error técnico al descompasar el muletas “Gonzalero” le arrancó la zapatillas del albero insurgente. Con la boca seca los del tendido, y llena de sangre la boca del torero, Pizarro superó la circunstancia y escribió una faena importante. Una oreja, pudieron ser las dos, que buscó el catire mexicano entre las péndolas del lagunero.

Difícil, para un torero enterado, el primero de la tarde, el toro “Volcánico” con el que el caleño Ricardo Rivera confirmó en la notaría de la Colonia Nápoles sus seis años de alternativa. Difícil sí, cuando el torero no enfrenta esta situación volcánica como si el mismo fuera ardiente lava. Todo se derrumbó cuando creía el colombiano que “Volcánico” obedecería ciegamente los engaños, cuando él, entregado, creyó que el toro obedecía la voluntad de los engaños en muy toreros doblones. Una pizca de destiempo e el tiempo del pase para que surgiera el volteretón y la perdida de fe en el toricantano.

La oreja que Pepe López le arrancó a “Camorrista” fue la respuesta al inventario de una buena faena. Faena de buen torero, de torero de temple y de buen gusto, pero con una pavesa en vez de llama por corazón, cuando con bronca este “Camorrista” pedía incendiar la plaza .
Qué a gusto debieron salir los aficionados ayer de la Monumental. Esos de La Porra que pidieron en el Día de los Inocentes el desencajonamiento de una corrida de Piedras Negras para un mano a mano de figurones. Ahí estuvieron sus parientes, los De Haro que tienen capa cárdena, la que le viene en herencia de los saltillos piedrinegrinos, de aquellos toros laguneros que, como “Calao”, aterrorizaban hombres de acero, como cuando "Calao" caló a El Soldado. 

Satisfechos, amables y pacientes lectores, porque volvió a Insurgentes la emoción en los toros; y es lo que piden los buenos aficionados regrese para revivir en su esencia lo que es diferente en la Fiesta de los Toros.

Tenía razón en maestro, son toros para encumbrar y al salir de la Plaza México los hermanos Vicente y Antonio De Haro González han de haberse sentido en los cielos de la fiesta. Allá deben haber sido felicitados por la tarea cumplida por doña Martha, Manolito y don Manuel.