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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 6 de junio de 2014

25ª de Feria. La tómbola de orejas de Joselito Calderón / Por José Ramón Márquez


Palco Presidencial de la Primera Plaza de Pueblo del Mundo
La Tómbola de Orejas de Joselito Calderón

"... La asquerosa tauromaquia juliana se hizo hoy la dueña de Las Ventas y no había quién rechistase a la masa, envilecida por la ingesta de subproductos del cerdo y de alcoholes de diverso tipo y graduación, cuando decidieron darle la pedrea de su favor a Luque y no echar cuentas de los otros dos, haciendo lo mismo..."


Vigesimoquinta de Feria. 
La tómbola de orejas de Joselito Calderón, fritangas en el 10 y señoritas muy tatuadas a la salida
  • Salió al menos el típico tonto del bote, Cartuchero, número 109, que era una máquina de ir y venir, para que el Fenicio y el stablishment le puedan dar premios y así seguir alimentando la absurda leyenda de los Puerto de San Lisarnasio.

José Ramón Márquez
Va culminándose de manera triunfal la Feria del Isidro 2014, paso a paso hasta la victoria final. Hoy los empresarios de la Plaza (de Pueblo) Más Importante del Mundo habían preparado un festín para Barquerito, programando la segunda lisarnasiada del serial, la tercera de la temporada madrileña, si contamos la del día 13 de abril. En esta ocasión la cosa venía con el label del Puerto de San Lorenzo, atasardios de la Calderilla; antes fue el Valdefresno, que es el hierro del Puerto con una pequeña uve encima, digamos que ésa fue la declaración de intenciones Choperonas, porque con ésa es con la que inauguraron el Parque Temático del Paleto, antes llamado Feria. 

Los atasardios de hoy fueron objeto del escrutinio minucioso de la eminente profesora doña Begoña Flores, que recomendó sin reservas su aprobado, y de la sagaz mirada del digno Presidente del festejo, que aunque le llamemos Trinidad, en realidad se llamaba don Julio Martínez. Doña Begoña sentadita a la vera de Mr. President, Marilynmorena, se estrenaba hoy en la Feria del Isidro ’14 y Mr. President Trinidad ya lleva unas cuantas impartiendo su magisterio cobijado tras el tapiz bermellón. A la siniestra de Trinidad, Joselito Calderón, aquel peón a sueldo de la Empresa con derecho a vestirse de torero en las dependencias de la Plaza, aquel émulo del Buñolero, que lo mismo servía para llevar unos sobres a certificar a Correos, que para dar una barridita en el patio de arrastre, que para hacer un quite a su manera a El Sevilla. Calderón por la parte artística, él, que nunca atesoró un solo gramo de arte, y doña Begoña por la parte científica, avalaban con solvencia las opiniones del culto Palco, que ya me está pareciendo oír a la doctora: “Los ejemplares de esta línea son de gran tamaño, sin llegar a longilíneos, son altos de agujas, bastos de lámina, con gran desarrollo del tercio anterior, predominando los perfiles rectos y subcóncavos...“ etcétera.

En realidad el que se tenía que haber sentado en el Palco, aunque sea haciendo un cameo de veterinario era Barquerito, que como todo el mundo sabe es el mayor degustador de lisarnasios que se conoce, que debe andar por las fincas de los Fraile como yo por mi curre y que se debe saber las reatas como la tabla de multiplicar. Estaría bien que alguien tan connoisseur de la estirpe atasardia nos indicase cuál es la razón de que para la corrida de hoy se hayan aprobado seis bichos que no eran de gran tamaño, ni altos de agujas, nada bastos de lámina y con un moderado desarrollo del tercio anterior, que dicen por ahí que están juampedreando a los atasardios y hoy había tela como para hacer un capote a Luque.

Corrida lavadita, menos blanda de lo que viene siendo usual, con cierta disposición a irse al caballo, bastante descastada y sosa. Salió al menos el típico tonto del bote, Cartuchero, número 109, que era una máquina de ir y venir, para que el Fenicio y el stablishment le puedan dar premios y así seguir alimentando la absurda leyenda de los Puerto de San Lisarnasio.

Para el remate o despene de los seis torillos que vinieron de la charrería y para dar lustre a la corrida de este jueves el Gang de los Choperón consiguió, tras arduas negociaciones y teniendo que desembolsar un precio descomunal, contratar a Padilla, a Cid y... aunque parezca increíble ¡a Luque!, porque Cid y Luque ya son algo así como Abbott yCostello o Ramón y Cajal. Y fue tanto el contento de las gentes por el cartel anunciado que se presentaron en la Plaza armados de bocadillos de medio metro, de pastelitos envueltos y atados con un cordelito, de suculentas pipas -nutricio alimento de los tanquistas rusos en la Guerra Civil-, de croquetas en tupper, de cubatas a go-go, de cervecitas Mahou, cerveza oficial, de botellitas de Beefeater para ahorrarse el precio del combinado pidiendo sólo la tónica, de botellas de vino con su sacacorchos, de botas de vino... Transformaron, como cada tarde, la Plaza en un merendero, tradición de merenderos del Arroyo Abroñigal y de la Carretera de Aragón, en un after hour, pues la falta de emoción de lo que ocurre en el ruedo hace que las gentes se dediquen a saciar su ancestral carpanta y a darse gusto oral.

Ese ambiente disparatado de las birrias que aprobó doña Begoña, observado por la sagaz mirada de Trinidad, ese merendero, ese botellón consentido era el caldo de cultivo propicio para que manase el Nuevo Toreo cuyo Profeta no estuvo ayer muy fino, todo sea dicho, pero cuyo influjo permanece de forma indeleble. La asquerosa tauromaquia juliana se hizo hoy la dueña de Las Ventas y no había quién rechistase a la masa, envilecida por la ingesta de subproductos del cerdo y de alcoholes de diverso tipo y graduación, cuando decidieron darle la pedrea de su favor a Luque y no echar cuentas de los otros dos, haciendo lo mismo.

Como es público y notorio el padre de Luque me invitó en cierta ocasión a un suculento café. Hoy el hombre correteaba por el callejón haciendo de ayuda, cargado de muletas. Luque sacó el velamen del USS Eagle para dar sus acrisoladas verónicas, que por fas o por nefas no cuajaron, aunque ya resonaron las palmas, palmitas. Luego, en el último tercio a sus dos toros les julianeó de lo lindo. Esto quiere decir que no hizo nada de lo que nos gusta porque ni cargó una sola vez la suerte, ni se cruzó, ni echó la pata hacia adelante, ni presentó la muleta planchá, ni dio un solo pase que pudiese ser merecedor de ese nombre, ni mató con arreglo al canon que ya definiese Montes en su Tauromaquia. Y sin embargo el populacho rugía como si estuviese viendo la resurrección de Antoñete, a Belmonte con el Tallealto de Contreras, a Rafael con el Benavides, a Antonio con el toro de Cembrano, a Manzanares con Clarín. El toro corría de acá para allá, el Luque se ponía todo por fuera, a veces en la suerte de la alcayata, otras en la de “me estiro cuando pasó el bicho” manejando la tela como el que sacude las migas del mantel sobre la ropa recién lavada de la vecina, alejándose de lo que hace grande al toreo que es la asunción del riesgo y dando a cambio un repertorio de carreritas que enardecían a la turba ahíta de vino y de chorizo, que señalaba los momentos estelares de la función con ese regüeldo que reza: ¡Bieeeeeennnn!

Como es natural fue tal la comunión de Luque con su público en ambos toros que nadie echó cuentas de esa tontería de la mal llamada “suerte suprema” y tras la aplicación de media atravesada y un descabello a su primero y de un pinchazo y una estocada baja, la masa festejó el triunfo de la nada como propio.

Cid y Padilla estuvieron en el mismo registro que Luque, pero bien porque sus toros no correteaban o bien porque al soberano pueblo no le dio la gana, no les hicieron ni maldito caso. A Padilla parece que ya se le va pasando el efecto buenista que le ha hecho ser admitido por los públicos después de su desafortunado percance y la verdad es que su toreo, tan basto y desprovisto de gracia, no dice nada si enfrente no hay un enemigo como Dios manda. Cid, como es bien recordado por los interesados en ello, atraviesa un bache. Hoy trató de julianear lo suyo, en una patente huída hacia atrás de su tauromaquia y de su particular sello como torero. En esas condiciones, lo que hace no interesa a nadie. En un par de momentos se vio perfectamente que no aguantaba y, pese a las precauciones adoptadas de antemano, dio un par de respingos nada airosos y menos toreros. Una pena.

A la salida, atufados por un nauseabundo olor a fritanga que proviene del llamado Tendido 10, donde antes se formaban los corrillos de aficionados, unas señoras elegantemente vestidas con camisetas de varias tallas menos, con zapatos de alza y con la piel tatuada reparten invitaciones de su centro de trabajo. Esta visión y aquel hedor cierran el círculo que retrata a la pobre Plaza de Las Ventas, Plaza en estado de necrosis.

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