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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 29 de septiembre de 2014

30 años vista: “Los ¡ayatollah! mataron el legado de Paquirri” / por Pedro J. Cáceres



"...Con la muerte de Paquirri, no solo desaparece una figura completa, sino que produce cambio en el concepto de la tauromaquia total (arte y espectáculo) para dar paso a una pusilánime tendencia en busca de una supuesta pureza degradando, de oficio, a los grandes toreros que cometían el pecado de banderillear..."

30 años vista: “Los ¡ayatollah! mataron el legado de Paquirri”


Pedro J. Cáceres
Crítico taurino y Periodista / 28/09/2014
Que Paquirri fue una gran figura del toreo no es debate. Y no sólo por su frase célebre “hay que saber yunque para luego ser martillo”, probablemente referida a aquella feria de San Isidro en que se quedó fuera, respondiendo con una “encerrona” en la Corrida de Beneficencia para al año siguiente provocar que Chopera (el gran Manolo Chopera, todopoderoso empresario por su capacidad de trabajo y su sencillez a la hora de buscar lo que el público quiere sin caérselo los anillos ni sentirse, por ello humillado –antes al contrario-) fuera a contratarle a Cantora y Paquirri le hiciera esperar unas horas, mientras terminaba su preparación cotidiana. Eso era mandar.

A lo largo de estos 30 años se ha dicho y escrito casi todo sobre la figura de Paquirri.

Casi todo, pues a penas se ha profundizado en el vacío que el torero de Barbate dejó en cuanto al prestigio, incluso la dignidad, de las figuras del toreo que banderilleaban, o banderillean, por culpa de una moda creada desde un estado de opinión sin referencia del pasado ni perspectiva de futuro.

Con la muerte de Paquirri, no solo desaparece una figura completa, sino que produce cambio en el concepto de la tauromaquia total (arte y espectáculo) para dar paso a una pusilánime tendencia en busca de una supuesta pureza degradando, de oficio, a los grandes toreros que cometían el pecado de banderillear.

Banderillear como complemento del espectáculo y ejecutar una suerte más, porque posiblemente como rehiletero no pasará a la gran historia de los “dos palos” basado en sus facultados, o eclipsado, porque por encima de todo fue un buen capotero, un muletero poderoso y un matador solvente. Una figura del toreo.

Esto hizo que toreros banderilleros, magníficos, como Víctor Méndez o Esplá (terminó siendo acuñado como espejo de la pureza en la lidia), incluso El Soro –con su magnetismo popular- se refugiaran en un cartel específico que, gran parte de las veces, se le trataba peyorativamente como el de “los banderilleros” por parte de la erudición plumilla y los listillos aficionados, mientras llenaban plazas, salvaban abonos y mataban lo que fuere y a un costo asequible, siendo la terna más apreciada , durante muchos años, por el público y los empresarios por su rentabilidad; hoy sería la cuadratura del círculo.

Hasta entonces, carteles como el clásico Paquirri/Teruel/Alcalde se anunciaba como uno más de las figuras de la época. De la misma forma que nunca se le recriminó, ni se le relegó a torero-banderillero a “El Guerra”, Joselito el Gallo, el “arte hecho carne” de su hermano Rafael, el “muso” Sánchez Mejías, Pepe –el mejor de la dinastía- Bienvenida, D. Antonio, Luis Miguel y Arruza (las “bestias negras” del “monstruo” Manolete), César Girón, etc.

Provocó, igualmente, que quienes luego llegaron a figura, por ese estigma, tuvieron que reinventarse y para conseguir tal condición prescindir de ejecutar el segundo tercio; por ejemplo :Ortega Cano, Joselito, El Juli, etc.

Hoy en día, “de aquellos lodos estos barros”. 

Cuando la crisis achucha violentamente, tanto la económica como la taurina, con las plazas incapaces de acabar el papel pese a arracimar tres figuras de las de hoy, que por supuesto no banderillean, aunque como hemos escrito lo hicieron en otros tiempos como parte sustancias a su tauromaquia y repertorio, algunas pocas mentes sensatas en este mundo de despropósitos añora esos carteles de público, de gran público; los grandes damnificados de la crítica y de llamada supuesta afición.

30 años después, el legado de la tauromaquia total, autorizada para todos los públicos, de Paquirri ha sido dilapidado.

Aniversarios de esta índole y sus reflexiones nos instala, más que en el pesimismo sobre el futuro, en la necedad del ombliguismo de un espectáculo endogámico que puede degenera a feble inválido por consanguinidad de “listos” y “entendidos”.

Todo por encontrar una ¿pureza? que ellos no destilan y anclarse en un fundamentalismo…sin fundamento alguno: si volvemos a repasar los nombres de las grandes figuras de todas las épocas ya citados.

Si dice la canción que “20 años son nada”, en el toreo 30 de paradójico retroceso –queriendo buscar el progreso- es un mundo. Y una situación posiblemente irreversible.

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El Imparcial