la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 29 de septiembre de 2014

Sevilla: último paseíllo de El Boni otro desastre ganadero con reses de tres hierros.

El Boni antes de su último paseíllo junto a la cuadrilla de El Cid y sus apoderados

2ª y última de San Miguel en Sevilla 
Otro desastre ganadero con reses de tres hierros

  • ...entré en la plaza mosqueado por el ganado a lidiar compuesto por reses de tres hierros. Una vergüenza para la categoría de la plaza. Al final, el mosqueo quedó certificado por el pésimo juego que dieron los toros salvo si acaso el segundo, primero de los que mató Castella.

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Domingo 28 de septiembre de 2014. Segunda y última de feria. Tarde agradable, tibiamente soleada y algo más de un tercio de entrada.

Toros de tres hierros que se lidiaron por sorteo, no por orden de antigüedad. Tres de Juan Pedro Domecq incluido el sobrero que reemplazó al devuelto de Paladé por descoordinado (3º y 5º), dos de Parladé (el devuelto 4º y 6º) y dos Daniel Ruiz Yagüe (1º y 2º). Bien presentados y de vario juego. Noble, con poca fuerza, sosísimo y rajado el primero. Muy noble en el límite de todo el segundo. Noble, bravo y alegre en los primeros tercio y progresivamente apagado en la muleta. Noble y bravito aunque enseguida a menos el sobrero que hizo cuarto. Lo mismo o peor el quinto. Y prácticamente inservible el sexto. 
El Cid (esmeralda y oro): Estocada y descabello, silencio. Buena estocada, ovación.
Sebastián Castella (salmón y oro): Dos pinchazos hondos y descabello, gran ovación. Dos pinchazos y estocada, palmitas.
Manuel Escribano (corinto y oro): Buena estocada, ovación. Estocada, ovación.


A vueltas con la pertinaz falta de público en las plazas de toros, continúa el rasgarse las vestiduras de los taurinos que, o no saben o no quieren saber cómo ir remediando el tremendo desastre que llega hasta las mismas puertas de uno de los eventos más publicitados de los últimos tiempos. Me refiero, sobre todo, a la gente que hubo antier en el llamado Palacio de Vistalegre de Madrid en donde actuaron Finito de Córdoba, Morante de la Puebla y el todo poderoso reyezuelo del toreo, don Julián López, alias El Juli. 

Todos los compañeros que estábamos viendo la primera corrida de esta feria sevillana de San Miguel, además de contemplar atentamente lo que ocurría en el ruedo de la Real Maestranza, también estuvimos pendientes de lo que sucedía en la plaza cubierta de Carabanchel. Aparte lo sucedido artísticamente hablando – solo el crítico de ABC, Andrés Amorós, ha reflejado la realidad de lo acontecido en radical contraste con casi todos los demás que iban cantando las mieles del evento con una asombrosa falta de vergüenza profesional -, la noticia más preocupante fue que apenas hubo media entrada y, a caso, ni eso de pago. Claro que, tras el paseo, debieron abrir las puertas porque los tendidos empezaron a poblarse de gentes extrañas en sorprendente aluvión de indocumentados. Algo bastante más escandaloso que el tercio de entrada que antier hubo en la plaza de Sevilla, dada la enorme diferencia que separó la categoría de ambos carteles. Para Morante, con el sinfónicamente musicado evento que, según me cuentan, fue un absoluto desastre, terminó su campañita de las 30 tardes en compañía de ese autobús con lema “El arte no tiene miedo” que ha sido el hazmereír más desternillante de la temporada 2014. Mientras que El Juli cerrará su escueta gira el día de El Pilar en Zaragoza, actuando en terna. No en solitario con seis toros como anunció en el acto pomposamente hortera del Circulo de Bellas Artes de Madrid. ¿Por qué tal cambio, por miedo a no llenar la plaza baturra actuando a solitario cuerpo limpio?…

Ayer actuaron en Sevilla El Cid, Sebastián Castella y Manuel Escribano. Tres diestros de muy distinta condición aunque los dos primeros comparten situación, digamos cuesta abajo. Otro cantar sería si ambos anduvieran como en sus mejores tiempos. Vamos a ver qué hicieron aunque confieso que entré en la plaza mosqueado por el ganado a lidiar compuesto por reses de tres hierros. Una vergüenza para la categoría de la plaza. Al final, el mosqueo quedó certificado por el pésimo juego que dieron los toros salvo si acaso el segundo, primero de los que mató Castella.

El Cid lanceó con bella suavidad por verónicas y medias al jabonero primero, de Daniel Ruíz. Un bello animal tan noble como falto de fuerza. Cumplió en una primera vara muy aliviada. El Cid quitó por verónicas parecidas a las del recibo. Y tras un imperceptible picotazo, quitó Castella por cordobinas. Un carretón portado por un señor mayor sin resuello parecía el toro en su embestir de caramelo. ¿Duraría? Se fue a tablas tras el primer par de banderillas. Y resistió los dos que faltaban hasta para perseguir a uno de los rehileteros. Rajado por fin el animal antes de que le clavaran el tercero, El Cid empezó la faena por alto sin pararse y sufriendo una inesperada colada. Luego toreó en redondo sin demasiadas apreturas en tres rondas ligadas a los de pecho con ambas manos. Al salir del trance sin mirar al toro, fue sorprendido con un arreoncito. Y cuando empezó por naturales el toro se desentendió yéndose a los tableros. La gente pidió a Manuel que lo matara. Pero siguió intentando dar más pases con el toro completamente rajado. No fue fácil cuadrarlo para entrar a matar. Lo consiguió de un espadazo entero trasero y. como no doblaba, tuvo que descabellar.


El cuarto fue de Parladé. Un castaño que, tras acudir alegre a la llamada de un peón desde el burladero, cayó patas arriba y no hubo modo de levantarlo. Al parecer descoordinado, fue apuntillado tras permiso del palco. En su lugar se corrió un sobrero de Juan Pedro Domecq. Otro bonito castaño suelto de salida y enseguida obediente a las estupendas verónicas de El Cid aunque acusó falta de fuerza en las manos. Se defendió al recibir un primer puyazo demasiado trasero del que pereció salir molido. Le señalaron el segundo. El Boni se gustó y se asustó al clavar el primer par. Bien Pirri en el segundo. Y casi lo mismo El Boni en el tercero. El Cid le brindó por ser la tarde de su retirada. El de Juan Pedro resultó excelente en la primera parte del trasteo. Bien El Cid por redondos para empezar la pausada faena. Y casi lo mismo al natural y de nuevo a derechas aunque con el toro ya venido abajo. Pena que durara tan poco. El Cid lo mató bien de estocada de rápidos efectos. Recibió una primera ovación, le cortó la coleta a El Boni salió a saludar la siguiente, obligado por el público.


El segundo fue el otro de Daniel Ruíz. Un castañito suelto del capote de Castella que tuvo que salir por pies tras recetar algunos lances que el animal tomó como quien bebe agua caliente en pleno verano. De pronto, el toro pegó un arreón que no llegó a mayores. Ni una gota de sangre en varas cumpliendo al arrancarse al caballo desde lejitos. Manuel Escribano quitó por deslucidas chicuelinas por llegarle el toro muy distraído y ajeno a las suertes. Otro muermo de toro aún más soso y descastado que el que abrió plaza. Esperó mucho en palos, permaneciendo tan quieto como un toro de Guisando. Castella aprovechó la bobalicona embestida del animal con tranquilos muletazos con la derecha citando en la media distancia y resolviendo bien los ligados redondos. Pausó el trasteo como convenía y se gustó mucho en un largo y muy templado cambio de mano, cuajando después buenos naturales con la pega del progresivo agotamiento del burel. Razón del cabezazo que le pegó el toro en la mitad de uno de los derechazos que siguieron. Y a matar. Que fue lo que hizo de dos pinchazos hondos y descabello. Para una vez que estuvo bien en Sevilla desde hace tiempo, fue una pena que pinchara. Fue muy ovacionado.


Jabonero sucio fue el quinto, también de Juan Pedro Domecq. Otro noble con poca fuerza bien saludado por Castella aunque sin mayores alegrías. Puesto de lejos, fue alegre al primer puyazo aunque ya hay que empezar a hablar de caricias del varilarguero. Repetición y a banderillas sin quites de nadie porque Castella amagó con hacer el suyo y desistió. Hizo bien porque el animal esperó demasiado en banderillas y terminó parado. Castella lo abrió más allá de la rayas y, sorprendentemente, el animal obedeció al espada galo aunque solo en el arranque del trasteo con la derecha porque, en la tercera tanda, empezó a doblar las manos y a remolonear. Desesperante juego del ganado, también en la segunda y última de San Miguel. Y así no vamos a ninguna parte. La estocada de Castella llegó tras pinchar dos veces.

El tercero fue uno de los de Juan Pedro Domecq. Manuel Escribano se fue a porta gayola como acostumbra aunque arrodillado bastante lejos de la muy ancha puerta de chiqueros. El bonito castaño puso mucho de su parte en los lances de Escribano con su brioso embestir. Fue muy alegre y bravo en el caballo. Y, como le cuidaron en varas, llegó en buenas condiciones a los tercios siguientes. Escribano pareó con las facultades, la variedad y la brillantez que acostumbra, quebrado muy por los adentros tras arrancar el tercer par sentado en el estribo. Brindó la faena al público entre ovaciones. Y empezó con la derecha citando desde lejos. Altos, cambiado, firma y el de pecho como arranque. El toro le fue calamocheando y, en redondo, no logró torear como sin duda quiso. Y lo mismo al natural. El animal ya no fue el que nos pareció podría ser en el primer tercio. El gozo de Escribano en un pozo. Y el nuestro, también. Lo compensó con una buena estocada.

Sin más fe que la de Escribano asistimos a la lidia del sexto, de Parladé. Como siempre se fue hasta arrodillarse delante de la puerta de chiqueros. El toro salió parado y distraído hasta llegar a Escribano que no sé cómo se arregló para medio dar la larga. Negro el toro y renqueante de patas. Se fue por su cuenta al caballo contrario y allí se dejó medio pegar. No había necesidad alguna de agotarlo más de lo que ya estaba desde que salió. Ni quites ni gaitas. Inasequible al desaliento, banderilleó Escribano como buenamente pudo. Y con enorme mérito porque el toro resucitó un instante aunque con problemas. Al empezar la faena por estatuarios, el toro le empujó en el segundo y Escribano cayó en la arena. Nada por fortuna le ocurrió y todavía le sobraron ganas y habilidad para medio sacar partido del animal pese a sus tardas y cortas arrancadas. Por Escribano no quedó la cosa. Y el público se lo agradeció antes y después de matar de certera estocada.