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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 6 de diciembre de 2014

Terrorismo antitaurino.- ¿Hasta cuándo? / Editorial de Mundotoro




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El toreo es el blanco perfecto al que hacer tiro. Así lo ven los antitaurinos, inmersos en una campaña salvaje de violencia contra nuestro colectivo. Una campaña amparada en la inacción represiva de las autoridades. ¿Hasta cuándo el toreo -sus profesionales, sus aficionados- va a seguir siendo atacado sin que nadie haga nada? Porque, lo decimos y no es la primera vez, las autoridades no están haciendo nada para salvaguardar la integridad y los derechos de los taurinos. Estamos desprotegidos. 

El último episodio conocido sucedió este jueves en la Universidad CEU San Pablo de Madrid, dentro de sus tradicionales actos taurinos culturales. En lo que pretendía ser una charla titulada 'Simbología táurica hasta los albores del mundo antiguo', un grupo de radicales antitaurinos trató de boicotear el acto y agredió a varios de los presentes. Entre ellos, Andrés de Miguel, que, víctima de un empujón cobarde, sufrió una fractura de húmero. No fue el único agredido antes de que la Policía controlase la situación. De nuevo en la Universidad. Hace unos días el Curso de Periodismo Taurino de la Complutense de Madrid fue escenario de otro ataque. 

Y aquí no pasa nada. Aceptamos como colectivo la condena cortoplacista, la filiación del delincuente sin mayor castigo. Los que nos acusan de asesinos son los que atentan contra nosotros. Y lo consentimos. Ya basta. Pero no puede ser un 'ya basta' de boquilla, de tweet. No pretendemos que este texto sea otra condena a un acto repulsivo como el de la violencia que los grupos antitaurinos llevan a cabo. Queremos más, exigir una protección real a los que deben dárnosla porque a ella tenemos derecho. Alzar la voz para que los responsables nos oigan.

Queremos que quede claro que en está situación el violento no es el aficionado. Francia es un buen ejemplo del terrorismo antitaurino. Se ve: el toreo -sus profesionales, sus aficionados- está absolutamente desprotegido. Y, si sigue este desamparo 'de facto', el que siempre pone la otra mejilla dejará de ponerla un día, cansado de saberse abandonado a su suerte.