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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 31 de marzo de 2015

Memoria de agravios / LFU



"...Pero si perdonar a quien nos ofende es virtud y mandato evangélico, no lo es dejarse engañar como chinos una y otra vez por los partidos políticos a los que en alguna ocasión hemos dado nuestro voto..." 


Confieso que, entre las escasas virtudes que me adornan, no se encuentra la muy femenina habilidad de recordar con precisión los agravios recibidos, alojada en lo más recóndito del hipotálamo de la mujer.

Una y otra vez me propongo dejar constancia escrita de los agravios para poder utilizarlos como arma defensiva, y siempre sin excepción acabo olvidando también tan artero propósito desechando armas tan eficaces que acaban disueltas en el mar infinito del perdón.

Pero si perdonar a quien nos ofende es virtud y mandato evangélico, no lo es dejarse engañar como chinos una y otra vez por los partidos políticos a los que en alguna ocasión hemos dado nuestro voto. 

En mi caso, confieso no sin cierto remordimiento, que fui vilmente engañado en las últimas elecciones generales por el Partido popular, a quien presté mi voto tras ocho años horribles de zapaterismo y confiando en que haría honor a sus compromisos. Y como no quisiera quedarme in albis cuando alguien me pregunte por qué no pienso volver a dejarme engañar, he decidido hacer breve recuento de promesas incumplidas y agravios recibidos por el partido en el gobierno.
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  1. Porque mintió descaradamente prometiendo bajar los impuestos y los subió a la clase media más que ningún otro gobierno en la historia de España. Rajoy era perfecto conocedor del déficit antes d ganar las elecciones y sabía que había dos formas de reducirlo: subir los impuestos o reducir los gastos. Eligió la primera, que era, claro, lo más fácil y mintió al decir que “no había otro remedio”.
  2. Porque todos hemos podido ver el recorte en gastos sociales, pero no hemos conseguido ver el recorte en las administraciones públicas, que continúan igual de ineficientes e igual de caras.
  3. Porque Rajoy llamó sectario a ZP por aprobar la ley de Memoria histórica, que tachó de auténtico disparate, y la ha mantenido intacta durante sus cuatro años de gobierno para que cuando llegue otro iluminado, vuelva a reabrir las heridas cerradas hacía ya muchos años.
  4. Porque Rajoy clamó contra ZP por la aberrante ley del aborto de Bibiana Aido, que convertía en derecho el aborto y desprotegía totalmente al nasciturus en contra de la ley natural y de la doctrina del Tribunal Constitucional. Prometió derogar la ley cuando llegase al gobierno. Aprobó un anteproyecto de ley que encargó a uno de sus ministros y acabó arrugándose ante supuestas encuestas que le enseñó Arriola, dejando aquella “barbaridad” de ley -contra la que presentó un recurso de inconstitucionalidad- absolutamente intacta durante sus cuatro años de mayoría absoluta. ¿La razón? “Que era lo más shenshato, ya que total, cuando lleguen los otros al gobierno la iban a cambiar (sic)”.
  5. Porque cuando en febrero de 2012 la Generalidad de Cataluña estaba al borde de la quiebra, en lugar de utilizar dicha situación para intervenir la Comunidad Autónoma y atajar el problema, Rajoy les entregó 37.000 millones de euros para financiar su estrategia de sedición.
  6. Porque el 9 de noviembre de 2014, Rajoy y su gobierno hicieron una colosal dejación de sus funciones, permitió que se burlase el Estado de Derecho y cometió a mi juicio un clarísimo delito de omisión al no prohibir la celebración de un referéndum que había sido prohibido por el Tribunal Constitucional.
  7. Porque prometió ilegalizar todas las franquicias de ETA y no solo no lo hizo, sino que continuó una línea soterrada de diálogo con el entorno etarra que explica casos como el de Bolinaga y la extremada e inusitada rapidez y eficacia en aplicar la Sentencia del Tribunal de Estrasburgo sobre la doctrina Parot, a pesar de ser contraria a la jurisprudencia del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional. 
Y no me explayo más, aunque podría. Los motivos antedichos son más que suficientes y quedan aquí escritos para servirme de recordatorio cuando dentro de unos meses alguien o yo mismo me pregunte por qué no puedo votar al Partido popular.