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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 11 de marzo de 2017

Somos objetivo de los antiespaña / Por Paco Mora



El antitaurinismo pretende hacer tabla rasa de algo que forma parte de la panoplia de culturas genuinamente españolas que le dan carácter y personalidad propia a este país, y que necesitan destruir para hacer una España a su medida. Una España sin valores que le sean propios, en la que puedan instalarse como gobernantes totalitarios sin la mínima respuesta a su talante dictatorial.


Somos objetivo de los antiespaña

El antitaurinismo pretende hacer tabla rasa de algo que forma parte de la panoplia de culturas genuinamente españolas que le dan carácter y personalidad propia a este país, y que necesitan destruir para hacer una España a su medida.

El ministro de Educación, Cultura y Deporte, Méndez de Vigo, asegura que el Gobierno bajará el IVA de los toros. Es una buena noticia, que llega tarde pero que es muy bien recibida. Todo lo que pueda redundar en la bajada de los precios de las entradas es una ayuda a la permanencia de la Fiesta. Ahora le toca al ministro del Interior, responsable de la seguridad de los españoles, impulsar reformas legislativas que protejan el derecho de los ciudadanos a asistir a las corridas de toros, garantizando su seguridad ante la barbarie de los antitaurinos que con sus agresiones tratan de amedrentar a quienes haciendo uso de sus derechos acceden a las plazas de toros.

El Ministerio de Hacienda también debería decidirse a acabar con la voracidad económica en la concesión de las adjudicaciones de los inmuebles escenario de los espectáculos taurinos -la mayoría propiedad de ayuntamientos, diputaciones y comunidades- , que se han convertido en una exagerada subasta en la que no se tienen en cuenta los intereses de aficionados y espectadores, y encarecen el espectáculo de modo desorbitado. Esos tres puntos indicados sí que serían la escenificación concreta de la intención de ayudar a una de las expresiones culturales más autóctonas y arraigadas de nuestro país. Todo lo demás es marear la perdiz sin resultados eficaces.

Los que atacan desde todos los frentes posibles la puesta en escena de la Tauromaquia, odian el toreo sin importarles para nada un espectáculo que no conocen y sin la mínima preocupación por la suerte del toro de lidia, que sin las corridas de toros desaparecería como especie animal de la faz de la geografía española. El toreo les huele a España y cuando lo atacan actúan contra España, a la que no acosan en otros aspectos porque les resulta más difícil cuando no imposible.

El antitaurinismo pretende hacer tabla rasa de algo que forma parte de la panoplia de culturas genuinamente españolas que le dan carácter y personalidad propia a este país, y que necesitan destruir para hacer una España a su medida. Una España sin valores que le sean propios, en la que puedan instalarse como gobernantes totalitarios sin la mínima respuesta a su talante dictatorial. Esa es la realidad que se esconde detrás del falso animalismo que dicen defender a través de sus actos vandálicos contra la celebración de las corridas de toros.

Los gobiernos deben ser conscientes de que detrás de la operación antitaurina se agazapan intereses políticos de mucho mayor calado que lo que la Fiesta de los Toros significa en su mismidad. Que la Fiesta no es de derechas ni de izquierdas. Es un arte y una manera de ser y sentir de un pueblo que no quiere perder sus raíces. Por lo que contemplar la fobia antitaurina como algo circunscrito a la celebración o no de las corridas de toros es de una cortedad de miras políticas impropia del siglo XXI.

El escarnio a lo religioso –recuérdense los actos obscenos contra la Virgen y el Crucificado en Tenerife y el munícipe podemita vestido de cura con una bufanda del Barça por estola, para celebrar una boda civil- forman parte del paquete de acoso y derribo de una ancestral cultura, que solo pretende adocenar, amedrentar y despersonalizar al pueblo español. Con un pueblo amuermado y sometido a sus designios, a los anti España les sería más fácil instalar en nuestro país una dictadura marxista-leninista con ribetes decimonónicos.