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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 19 de abril de 2017

Vuelo (mental) a Cardiff / por Juan Manuel Rodríguez



 ...cabe entender que Ancelotti dejara a un lado anoche su habitual compostura, su tradicional elegancia, para convertirse en lo que nunca ha sido, o sea un llorón. Como todo el mundo, Carlo habla de lo que le interesa a Carlo, que es aquello que le perjudica, pero no de lo que no le interesa, que es lo que le benefició. Ancelotti habla de los dos goles de Cristiano en fuera de juego, uno muy claro y otro ajustadísimo, pero olvida adrede que Vidal, de cuya expulsión se quejan amargamente en Múnich, debió abandonar el terreno de juego en el minuto 5 de partido por agredir a Isco por detrás sin posibilidad de jugar el balón; Ancelotti habla de los fueras de juego ajenos pero olvida el propio, el de Lewandowski, que supuso el 1-2...


Vuelo (mental) a Cardiff

El Bayern de Múnich no ha fichado a Carlo Ancelotti para ganar la Bundesliga, que la gana de calle, sino para conquistar la Copa de Europa. Y, por mucho cariño que yo le tenga al italiano, el baremo que hay que aplicarle a él es el mismo que se aplicó en su día a Pep Guardiola. El City sí ha fichado a Guardiola para ganar la Premier, aunque no lo va a conseguir, pero cuando le contrató el Bayern, que venía de ganarlo todo con Heynckes, no lo hizo para ganar la Bundesliga, que para el equipo muniqués es como nuestra Supercopa de España para el Real Madrid o el Barça, sino para ganar la Copa de Europa. Y si de Guardiola, que ganó tres Bundesligas, dijimos que había fracasado en el Bayern por no acercarse siquiera a la Champions, de Ancelotti, que acaba de caer en cuartos de final, hay que decir exactamente lo mismo: fracaso sin paliativos de Carlo en su primera temporada en el Bayern.

Desde ese punto de vista, y sólo desde ese, cabe entender que Ancelotti dejara a un lado anoche su habitual compostura, su tradicional elegancia, para convertirse en lo que nunca ha sido, o sea un llorón. Como todo el mundo, Carlo habla de lo que le interesa a Carlo, que es aquello que le perjudica, pero no de lo que no le interesa, que es lo que le benefició. Ancelotti habla de los dos goles de Cristiano en fuera de juego, uno muy claro y otro ajustadísimo, pero olvida adrede que Vidal, de cuya expulsión se quejan amargamente en Múnich, debió abandonar el terreno de juego en el minuto 5 de partido por agredir a Isco por detrás sin posibilidad de jugar el balón; Ancelotti habla de los fueras de juego ajenos pero olvida el propio, el de Lewandowski, que supuso el 1-2: sin esa acción irregular que propició un gol ilegal, el partido habría acabado con empate a 1 en el marcador y el Madrid no tendría que haberse jugado su pase a semifinales en la ruleta de la prórroga.

Tiene tal complejo de culpabilidad el periobarcelonismo con el atraco a mano armada protagonizado por Aytekin al PSG en los octavos de final que compara lo ocurrido anoche en el estadio Santiago Bernabéu con la remolcada, que no remontada, del 6-1 en el Camp Nou. Pero, y a las constantes pruebas me remito, nada se puede hacer contra eso porque la cara dura no es inconstitucional tampoco para el periodismo deportivo, especialmente para el periodismo deportivo. Circula por ahí hace mucho tiempo un adagio para malos periodistas que dice lo siguiente: "Que la realidad no te estropee una buena noticia". No sé cuánto tiempo le durará esta falsa noticia al periobarcelonismo, probablemente hasta que esta noche la Juve elimine al Barça. Tampoco sé si la actuación de Kassai servirá a Ancelotti de parapeto ante sus jefes. Mientras resuelven sus dudas, séptima semifinal consecutiva para el Real Madrid, que ya vuela, aunque por ahora sólo sea mentalmente, a Cardiff.