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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 2 de noviembre de 2017

155, el milagro esperado por los taurinos / por Carlos Bueno



Si las urnas legales cambian el signo de la autoridad en Cataluña los toros podrían volver a ser una realidad en esa tierra. Se cumple una vez más el célebre refrán que asegura que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. 

155, el milagro esperado por los taurinos

Cabe la posibilidad de que la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña pueda significar un mayor protagonismo de partidos respetuosos con la tauromaquia en el Govern, y con ello el regreso de los toros a tierras catalanas. Si eso acaba sucediendo los profesionales deberán agradecérselo a la afición y, posiblemente, a la intervención de Santa Bárbara.

Dice el refrán que “sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena”. Hace más de siete años el Parlament de Catalunya prohibió de forma unilateral y anticonstitucional los toros en su territorio. Prohibió la celebración de corridas, que no los correbous de las calles aún cuando los municipios donde se llevaran a cabo estuviesen dirigidos por Esquerra Republicana, todo un signo evidente de su voluntad, que no era otra que la de empezar a romper con cualquier asunto que pudiese destilar españolismo. Lo cantó la prensa y lo sufrieron los aficionados, pero los profesionales poco se mojaron durante las seis temporadas que la prohibición estuvo vigente.

El año pasado, por fin, el Tribunal Constitucional contradijo el dictamen del Govern y lo dejó sin efecto. Es decir, que ya hace más de doce meses que legalmente podían haberse celebrado espectáculos taurinos en Catalunya. Sin embargo, la realidad es que ningún profesional ha movido un dedo para organizar un solo festejo. Balañá, el propietario de la plaza Monumental, mira hacia otro lado eludiendo posibles riesgos, y el resto del sector es cómplice de tal actitud.

Que se sepa nadie, absolutamente nadie, ha intentado programar una corrida en suelo catalán desde la vuelta a la legalidad. Es de suponer que las trabas político-burocráticas que impondrán las autoridades de la zona serán prácticamente inasumibles, pero habrá que ponerse manos a la obra y, en caso de producirse los previsibles abusos administrativos, denunciarlos. Mientras no haya una voluntad clara de programar toros y se soliciten los pertinentes permisos todo seguirá marchando sobre ruedas para las intenciones de los antitaurinos, que son los mismos que los actuales independentistas que acaban de intentar romper con España y que han provocado una tormenta dantesca.

Truena, y por eso ahora nos acordamos de Santa Bárbara. Quizá por ello la Federación Taurina Catalana ha convocado para el 3 de diciembre un acto en favor de la fiesta de los toros en Cataluña con el que se pretende destacar la importancia del toreo en la cultura catalana y el ejemplo de solidaridad y hermandad entre los pueblos -sin distinción de ideas, lenguas o estatus social- que constituye. En realidad a los aficionados nunca les han hecho falta tormentas para acordarse de la orfandad taurina en la que viven, pero a los profesionales sí.

Los dirigentes del cotarro no parecen angustiados por el futuro. Siguen viviendo de su pan de hoy sin importarles el posible hambre de mañana, esperando que la tormenta limpie el ambiente y que todo acabe arreglándose casi por acción divina. Y es posible que Santa Bárbara obre el milagro en forma de artículo 155, el que el Gobierno español ha puesto en práctica por el que destituye a los cargos catalanes y convoca nuevas elecciones. Quién sabe, el 155 puede venir como agua de mayo al toreo. Si las urnas legales cambian el signo de la autoridad en Cataluña los toros podrían volver a ser una realidad en esa tierra. Se cumple una vez más el célebre refrán que asegura que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Lo que no se habrá cumplido es aquello de “a Dios rogando y con el mazo dando”, porque lo que es rogar sí, al menos la afición catalana, pero de trabajar por ello… poco, al menos los profesionales.