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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 9 de noviembre de 2017

Cataluña: todo ha sido pactado para que ganen los golpistas y que España se humille otra vez ante ellos


Cataluña: todo ha sido pactado para que ganen los golpistas y que España se humille otra vez ante ellos.

Nada cambiará en Cataluña. Todo ha sido pactado de antemano como ya se nos advirtió en el ignorado mensaje testamentario firmado en noviembre de 1975. Todo ha sido acordado a contrapelo de la voluntad popular expresada estos días por millones de personas de norte a sur. Los miembros del Govern destituidos serán excarcelados en los próximos quince días y podrán presentarse a las elecciones para espolvorear, con total impunidad, lo que queda de la dignidad de los políticos nacionales.

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AD.- Nada cambiará en Cataluña. Todo ha sido pactado de antemano como ya se nos advirtió en el ignorado mensaje testamentario firmado en noviembre de 1975. Todo ha sido acordado a contrapelo de la voluntad popular expresada estos días por millones de personas de norte a sur. Los miembros del Govern destituidos serán excarcelados en los próximos quince días y podrán presentarse a las elecciones para espolvorear, con total impunidad, lo que queda de la dignidad de los políticos nacionales. Puigdemont regresará triunfal cuando los plazos se ajusten a sus intereses y el PSOE ya trabaja en una coalición con ERC y la marca catalana de Podemos. La mafia periodística se encargará, entre tanto, de anestesiar la indignación de la opinión española tras los graves acontecimientos provocados por el procès. Impondrán el borrón y cuenta nueva en una población que volverá a sus quehaceres habituales y que al cabo de unos meses recordará lo de Cataluña como un borroso acontecimiento, repartiendo culpas y endosando responsabilidades a la catalanofobia de la extrema derecha. Como siempre.

Por si alguien tiene dudas, lo de hoy en las calles catalanas nos ilustra hasta qué punto el 155 ha servido de adormidera para arrojarnos a la falaz conclusión de que el Gobierno no ha eludido su responsabilidad ante el desafío separatista. Mentira sobre mentira. Nada ha cambiado. Hoy mismo, huelga general convertida en un ejercicio de matonismo contra los que no querían secundarla. Técnicamente, una huelga supone un ejercicio democrático para reclamar mejoras laborales y aumento de salarios. Los huelguistas de hoy no han hecho una sola mención a tales cosas. A decir verdad, dudamos que alguno de ellos le haya dado nunca un palo al agua. Pretendían paralizar por la fuerza la actividad económica en Cataluña y lo han conseguido. 

¿Y qué ha hecho el Gobierno de España para proteger los intereses de los catalanes frente a esta mafia separatista? Nada. O sí, implorar a los policías que no hubiesen escenas como la del 1-O. Ni una sola detención. Nada de cargar contra los piquetes, aunque estos cortaran vías ferroviarias, autovías y paralizaran el transporte público y privado. En Gerona, la Cruz Roja ha tenido que ofrecer mantas a los conductores inmovilizados. La sedición convertida en victimismo de los nacionalistas tiene paralizado al Gobierno. Todo lo que está haciendo en Cataluña es mantener intactas las estructuras de los golpistas. 

Nunca un país amenazado había estado en manos de gente tan traidora, ruin y cobarde. Ante tanta herrumbre moral por parte de los encargados de garantizar el orden legal en Cataluña, ¿quién puede acusar a los Mossos de mirar para otro lado mientras los huelguistas agredían a un automovilista por sintonizar el himno de España en su vehículo? Y eso ahora que Cataluña es una autonomía dentro de España. Si tuvieran todo el poder, en la hipótesis de la independencia, ¿qué harían los separatistas a ese automovilista, qué harían a los catalanes defensores del himno español? Condenarlas al exilio o asesinarlos. Eso harían. Perpetrarían un genocidio y debemos impedirlo. 

Pero no solo los Mossos. TV3 sigue siendo la voz de los golpistas las 24 horas del día, el adoctrinamiento en los colegios ha alcanzado su punto efervescente, los terroristas callejeros sabotean las principales infraestructuras sin sufrir un solo rasguño y hasta los alcaldes soberanistas se jactan de haberse pagado un viaje a Bruselas, con dinero público, para vitorear al jefe de los golpistas. ¿Quién puede dudar de que el principio de autoridad ha desaparecido en Cataluña?
¿Quién puede sorprenderse de que esta guerra la estemos perdiendo? ¿Quién pudo creer dentro del PP que una acción concertada contra los enemigos de España saldría bien teniendo a los desertores socialistas y a los judas liberales de Ciudadanos como aliados?


Los separatistas han olido el miedo de Rajoy. Ya hemos advertido tropecientas veces que no hay en la tierra un ser más falsario, desleal y trilero que un separatista catalán. Traducen los gestos de benignidad como debilidad de la otra parte y entonces se convierten en insaciables. Atender su insaciabilidad, como lleva haciendo España desde hace siglos, no hace sino alimentar su voracidad. Una vez más, toca a los patriotas revertir el curso de los acontecimientos. Si logramos transformar la voracidad en bulimia, les habremos infringido el mayor daño que puedan sufrir. Eso implica la destrucción económica de Cataluña, dejando de comprar sus productos y boicoteando sus empresas en cualquier lugar de España. Ante situaciones excepcionales, respuestas no menos excepcionales.

En estos tiempos de tantas ofensas a España, tantas cobardías y tantas amenazas a su unidad, debemos amarla con más pasión. No somos una nación cualquiera, ni una cagadita belga en el mapa. La unidad de España se alcanza en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos, aunque se hubiera roto si los numerosos afrodisíacos que tomó Fernando para tener descendencia con su segunda esposa hubieran surtido un efecto benéfico y no el letal que le sobrevino por el desgaste inútil.

Estas dos fechas, obviamente, poco le dirían a un español egregio, a un enamorado de España, como el arzobispo de Toledo, don Rodrigo Ximénez de Rada. Don Rodrigo es el autor de una gran Laudatio, Alabanza de España, y del libro “Historia gótica” o “Hechos de España”. San Isidoro de Sevilla había hecho en el 654 otra gran Alabanza de España, madre de muchos pueblos. Don Rodrigo, alma y organizador de la expedición a Las Navas de Tolosa, consideraba que estaban luchando por España, por la Cruz y por España, que tantas veces han ido juntas en nuestra historia, también en Lepanto. Para don Rodrigo, nuestros padres son los godos y España existe desde el reino godo, desde los concilios de Toledo y muy especialmente desde el gran Leovigildo. Aunque Leovigildo era arriano, hereje, por supuesto don Rodrigo lo elogia y execra al católico San Hermenegildo que intentó separar a la Bética. Un separatista. Y eso don Rodrigo no lo podía soportar.


Toda la reconquista se hace por la recuperación de España frente al invasor islamista. Es la llamada doctrina gótica, que está desde Covadonga, desde el reino astur, pero también, por ejemplo, en el reino de Pamplona fundado por Iñigo Arista, un noble godo, de los Casios, Banu Cassi la rama islamizada, señores de Zaragoza. Hay varios reinos, con esa broma estúpida de la separación del condado de Portus Cale, por unos ambiciosos borgoñones, que espero que se resuelva pronto y que Portugal forme parte de España y no seamos hermanos separados. Pero todos esos reinos son las Españas que deben confluir en España, en la unidad, como muy bien resalta un español navarro del siglo XIII, como don Rodrigo Ximénez de Rada, cuyos restos reposan en el monasterio de Santa María de Huerta.

No luchan las tribus del Norte, sino que se unen, se mestizan con los godos, que tienen la legitimidad de esa España invadida. España milenaria. Grande España. Veamos por un momento a Pelayo que pasa inviernos terribles con un puñado, una treintena dicen las crónicas, alimentándose de miel, como los osos, como las bestias, durmiendo al raso, huyendo. Pocos son. Despreciados en todas las crónicas. Y, sin embargo, consiguieron poner en marcha algo grande. Como el segundo conde de Castilla, Garci Fernández luchando, sin desmayo, contra Almanzor. Nuestra historia está llena de luchadores y de héroes. Venerémosles y estemos a su altura, sigamos su ejemplo.

Dejemos la historia, para afrontar el duro presente. La sociedad española es inviable y los españoles están en serio peligro de ser diezmados tras cuarenta años de expoliación y latrocinio, bajo los políticos más nefastos, corruptos y traidores de la historia de España. España en su unidad está en gravísimo peligro de ruptura. Vascongadas, en la que se ha dado alas a los canallas terroristas, está al acecho esperando su momento. Cataluña sigue la senda de la sedición y algunos separatistas ya han anunciado que convocarán otro referéndum ilegal. Lejos de estar ya detenidos, se les recibe, se les agasaja. Incluso envía dinero de todos los españoles para que no se subleven los funcionarios catalanes si no cobran las nóminas.

Algunos de los empresarios que apoyan el separatismo catalán. De arriba izquierda a abajo derecha: Joaquim Coello, Miquel Martí, Joan Font, Enric Crous, Pau Relat, Joan Planes, Oriol Guixà, Carles Sumarroca, Joan Oliveras, Joaquim Vidal y Ferràn Rodés

Todo esto lo vamos a tener que afrontar en el inmediato futuro. La Constitución de 1978 es el mayor ataque a la unidad de España perpetrado desde dentro y desde arriba y sus responsables tendrán que comparecer ante la Justicia, cuando en España haya Justicia.

¿Qué podemos hacer para defender a España? Hemos lanzado un boicot a empresas de directivos separatistas, Cola Cao, Nocilla, La piara, La Granja San Francisco, Bocadelia, Cuétara, Casa Tarradellas… Os pedimos que sumemos esfuerzos. Hay que ir a por La Caixa, a por el Banco Sabadell, a por la SEAT, a por Eroski. No se van a reír de nosotros. Con nuestro dinero, no.

No podemos confiar en los actuales dirigentes de la nación. Para ellos, la traición es una costumbre en la que llevan entrenando cuarenta años. Mariano Rajoy es un cobarde que sólo busca mantener los privilegios de su casta. Un pactista adocenado, siempre dispuesto a ceder, cuya estrategia habitual es no hacer nada para que los problemas se pudran.

La mayor jerarquía actual del Ejército ha dicho que la misión de un soldado de España es estar dispuesto a dar su vida por la Constitución y por su cumplimiento. Y en la Constitución está el artículo 8. Pero antes que cualquier Constitución está la Patria y su unidad y su integridad territorial. Porque hay Constitución porque hay nación prexistente y no al revés y España ha existido con monarquías y repúblicas. 

La Patria no se negocia. Los soldados de España juran derramar hasta la última gota de su sangre por España, por su unidad. Y es un juramento que, desde aquí, desde este revulsivo de la conciencia nacional, desde esta narrativa de patriotismo a carta cabal, les conjuramos a renovar y a cumplir si llega el caso.