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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 23 de noviembre de 2017

Hablar lo justo / por Rafael Comino Delgado




Hablar lo justo

Rafael Comino Delgado
Catedrático de la Universidad de Cádiz
En general, a medida que se van cumpliendo años, o mejor a medida que se va ganando en sabiduría, uno se inclina más a escuchar y menos a hablar; se va comprendiendo mejor la reflexión de André Maurois (novelista y ensayista francés, siglo XX), "No decir más que lo que haga falta, a quien haga falta y cuando haga falta", y ello, creemos nosotros, por múltiples razones:

-Convencimiento de que escuchando siempre se aprende algo; a veces sobre lo que debe hacerse y otras de lo que no se debe hacer. De la persona más humilde, siempre se puede aprender algo. El que poco habla y mucho escucha se equivoca poco, aprende mucho y sabe mucho.

- En cambio cuando constantemente se está hablando, la mayoría de las veces se está perdiendo el tiempo y, desde luego, cuanto más se hable más posibilidades se tienen de equivocarse. Hablar más de lo imprescindible es hablar demasiado, y quien habla demasiado se equivocará demasiadas veces.

-Y no solo se equivocará, incluso puede llegar a hacer el ridículo, porque no siempre se habla de aquello de lo que se sabe y, por tanto, se dicen simplezas, o si prefieren ,"memeces". "Si los hombres se limitarán a hablar solamente de lo que entienden, apenas hablarían"(Aturo Graff. Poeta italiano, siglos XIX-XX) 

-Por tanto, la mejor forma de no decir muchas sandeces, no equivocarse demasiado, no hacer demasiado el ridículo es hablar poco, y lo poco que se hable solo sobre temas de los que se sepa igual o más que los demás.

-De donde se deduce que, es mucho mejor permanecer en discreto y atento silencio que mostrar una floreada y vacua locuacidad, que llevaría a confirmar la frase de Groucho Marx: "Es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente"

-Recuérdese que el buen conversador es el que escucha más que habla. Por supuesto, nunca caer en el error de contar y cantar constantemente las propias, teóricas, virtudes. En todo caso demostrarlas, si es que se tienen y es necesario. "La buena educación consiste en esconder lo bueno que pensamos de nosotros y lo malo que pensamos de los demás" (Mark Twain. Escritor y humorista norteamericano, siglos XIX- XX)

-Pero además de hablar lo imprescindible es muy importante saber cuándo decirlo y como decirlo; de hecho una de las cosas más difíciles, por eso lo logran muy pocos, es hablar lo justo, en el momento oportuno, con las palabras apropiadas y con el tono adecuado, según el tema y situación. Los que lo logran son sabios.

Por todo ello pensamos que en los colegios y universidades en general, y especialmente en la españolas, debería haber una asignatura para enseñar a hablar menos y hacer más, a criticar menos y mejorar más y a ver menos la paja en el ojo ajeno y más la viga en el propio.

Pues una de las cosas más difíciles es saber callar cuando hay que callar y saber hablar cuando hay que hablar.

Observamos frecuentemente que, algunas personas famosas, porque han destacado en algún aspecto, suelen pontificar con frecuencia respecto a cualquier tema del que se hable, y naturalmente suelen decir estupideces, porque con cierta autoridad solo se puede opinar, en serio, sobre aquello a lo que uno se ha dedicado en su vida, y aun así se equivoca con frecuencia. Así pues, esa actitud de excesiva tendencia a la locuacidad y a pontificar, es un signo inequívoco de necedad.

Ante una persona que destaca porque no cesa de hablar y opinar sobre todo, sin que nadie se lo pida, inevitablemente ello se asocia a dos palabras, "necio" y "fatuo". Por el contrario cuando se encuentra a alguien que escucha, habla solo lo justo y, especialmente, cuando se le invita a opinar sobre el tema yo, al menos, me acuerdo de dos frases de sendos escritores, a los que con frecuencia me gusta leer: Pedro Alfonso (escritor, teólogo y astrónomo español, siglos XI-XII), "El silencio es signo de sabiduría y la locuacidad es señal de estupidez"; Lin Yutang (escritor chino del siglo XX), "Los que son sabios poco hablan y los que hablan mucho son poco sabios"

Cuenta la leyenda que, en cierta ocasión, se le acercó a Isócrates (gran sabio griego: orador, político, educador, historiador, cronista) un individuo que, con abundancia de palabras vacuas y rebuscadas, le pidió fuera su maestro para enseñarle a hablar. Isócrates lo aceptó como alumno pero le advirtió que le cobraría el doble que a los demás alumnos. Sorprendido, el aspirante a nuevo alumno, le pregunto, algo contrariado, ¿por qué? a lo que Isócrates contestó: "Con Vd. el trabajo es doble, primero debo enseñarle a callar y después a hablar correctamente".

En resumidas cuentas que, el hombre inteligente, sabio pregunta cuando es necesario y escucha siempre, mientras que el necio siempre habla demasiado y pontifica en exceso.

Por tanto, creemos que sería conveniente , para todos, seguir el consejo de Ludwig van Bethoven : "Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo".