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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 3 de diciembre de 2017

La “Cadialidad” / por Rafael Comino Delgado



"Mire, aquel que quiera trabajar duro y progresar en la vida que se vaya a Estados Unidos, el que quiera vivir bien y trabajar menos que se quede en Europa, y dentro de Europa en España, y dentro de España en Andalucía, y dentro de Andalucía en Cádiz. La mayor calidad de vida la encontrará en Cádiz".

  • Por tanto, propongo que cuando alguien les pregunte por Cádiz y por los gaditanos le digan – yo así lo hago y lo haré- que aquí se tiene algo que no existe en otros lugares, por bellos, ricos y privilegiados que sean, la “Cadialidad”, que no se puede comprar, ni siquiera, en el Corte Inglés, hay que venir a mamarla, aprenderla, vivirla y disfrutarla en Cádiz.

La “Cadialidad”

Rafael Comino Delgado
Catedrático de la Universidad de Cádiz
Hace un par de décadas, tal vez cinco lustros, un señor, que ya no cumplía los 80, muy sabio, muy culto, que había vivido en los cinco continentes, pero la mayor parte del tiempo, además de en España, en Alemania y Estados Unidos, me dijo: "Mire, aquel que quiera trabajar duro y progresar en la vida que se vaya a Estados Unidos, el que quiera vivir bien y trabajar menos que se quede en Europa, y dentro de Europa en España, y dentro de España en Andalucía, y dentro de Andalucía en Cádiz. La mayor calidad de vida la encontrará en Cádiz".

Soy granadino y llegué a Cádiz hace 31 años, procedente de Valladolid, donde viví cuatro; aquí nació el menor de mis cuatro hijos, pero todos crecieron y se educaron aquí, donde he trabajado, he sido inmensamente feliz y me he realizado personal y profesionalmente. Lógicamente, aquí tengo mi ambiente de amigos y aquí seguiré haciendo lo que pueda hasta que Dios quiera, como un gaditano más, porque Cádiz marca, Cádiz deja huella en el alma y en el corazón.

Desde el primer día llamó, poderosamente, mi atención la amabilidad, afabilidad y cordialidad de los gaditanos que, por otra parte, me resultaba muy agradable, aunque no entendía la calma con que, a veces, se tomaban las cosas. Después de vivir aquí tantos años, haber conocido y comprendido la idiosincrasia, la forma de pensar, de ser, de entender la vida, en definitiva, de estas gentes, he llegado a la conclusión de que los gaditanos, sin saberlo y sin proponérselo conscientemente, siempre tratan de hacer la vida agradable a los demás; así es, ¡los gaditanos son así!

Desde el principio vengo diciendo, pues lo he repetido cientos de veces, que Cádiz es la tierra de la cordialidad. Pero cordiales también pueden serlo en otras partes de Andalucía, de España, del Mundo, aunque no es lo mismo; los gaditanos tienen algo más que les hace distintos, únicos, excepcionales. Eso que los gaditanos tienen, esa forma de ser y comportarse, la he bautizado con el nombre de “Cadialidad”. Y, ¿eso qué es? se preguntarán ustedes. Pues es una mezcla de cordialidad, amabilidad y afabilidad, todo ello generosamente sazonado con unos cuantos chorreones de gracia e ingenio naturales, espontáneos, les sale así, les sale como el respirar.

Esa “Cadialidad” que hace la vida más agradable -eso es calidad de vida- pienso que, probablemente, ha nacido al ir tamizando cuantas civilizaciones han pasado por la ciudad más antigua de Occidente (más de tres mil años), es decir, Cádiz, para quedarse con la sabiduría y lo mejor de todas ellas. Esa “Cadialidad” es el resultado de haber seleccionado lo que de verdad vale la pena de la vida, desechando todo lo demás, forma muy inteligente de actuar.

Por tanto, propongo que cuando alguien les pregunte por Cádiz y por los gaditanos le digan – yo así lo hago y lo haré- que aquí se tiene algo que no existe en otros lugares, por bellos, ricos y privilegiados que sean, la “Cadialidad”, que no se puede comprar, ni siquiera, en el Corte Inglés, hay que venir a mamarla, aprenderla, vivirla y disfrutarla en Cádiz. El que viene y la prueba, si puede, aquí se queda, pero, si se tiene que ir, un pedacito de su corazón para siempre se queda aquí. La "Cadialidad" produce adicción, de tal manera que cuando se sale de Cádiz se echa de menos inmediatamente.

Ahora comprendo, perfectamente, lo que me dijo, hace tantos años, aquel sabio octogenario.