la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 31 de enero de 2018

¡Ay, Carmena! / Por Paco Mora



 Quien manda, manda y cartuchera al cañón, ¿verdad buena mujer? ¡Cómo no la vamos a querer los aficionados!

  • Hoy es un día triste para el toreo. Doña Carmena ha matado a la Escuela Taurina Marcial Lalanda, acabando con sus cuarenta años de magisterio e ilusiones. Que dios se lo pague, como yo le deseo. Amén.
¡Ay, Carmena!

Paco Mora
Por fin lo consiguió. La alcaldesa Carmena, enemiga acérrima de “la Fiesta más culta del mundo”, según Federico García Lorca (que debía de ser un facha, ¿verdad señora?), le ha dado la puntilla a la Escuela Taurina Marcial Lalanda, y le ha pegado el cerrojazo a la Venta del Batán. Sin despeinarse. Sin ponerse siquiera de perfil. Quien manda, manda y cartuchera al cañón, ¿verdad buena mujer? ¡Cómo no la vamos a querer los aficionados! Si estamos desando pagar su respeto para con nosotros y nuestro modo de vivir, creencias y aficiones, con nuestros votos en las próximas ocasiones que se nos presenten... A mandar señora, que para eso cree usted seguramente que la votaron. Bueno, eso es un decir porque sin la ayuda del Partido Socialista y el empujoncito de Podemos, usted no hubiera podido ser alcaldesa de Madrid ni en sus mejores sueños.

En Zaragoza y en El Puerto atacan al toreo en su base económica, haciéndolo imposible “para vos y para usted”, como diría el clásico. Y usted señora, ¡ay Carmena!, lo liquida a pie de fábrica, no dejándole tierra donde pisar. Pero mire, aunque sea en solares, bosques y descampados, los chiquillos con afición y ganas de ser toreros seguirán entrenándose, dándole trapazos a sus sueños, sencillamente porque saben que para vencer, primero hay que soñar. Y eso no lo va a poder impedir usted, a menos que decida echarles detrás toda la Guardia Urbana del municipio que alcaldea. Que la veo muy capaz, dado su esquelético concepto de la democracia.

Hoy es un día triste para el toreo. Doña Carmena ha matado a la Escuela Taurina Marcial Lalanda, acabando con sus cuarenta años de magisterio e ilusiones. Que dios se lo pague, como yo le deseo. Amén.