la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 6 de enero de 2018

El Sueño de los Reyes Magos en un capitel de San Lázaro de Autun (Francia)


Maestre Gislebertus. Hacia 1130. Piedra
Museo de la Sala Capitular de la catedral de Saint Lazare, Autun
Arte Románico

La originalidad de este capitel le sitúa a la cabeza de la creatividad medieval en la interpretación de los pasajes de Lucas y Mateo y de los textos apócrifos, fuentes inagotables de escenas en el arte medieval. La escena es sencilla, frontal y ocupa solamente la mitad del capitel, presentada sobre motivos vegetales dispuestos simétricamente. La narración de la historia de los Reyes Magos, cuyos restos se conservaban por entonces en la iglesia de San Eustorgio de Milán, después de ser encontrados en Persia por Santa Elena, sigue una presentación secuencial para resaltar el carácter milagroso del pasaje. Ello proporciona elementos a Gislebertus para componer una escena con una concepción que combina las reacciones humanas con lo sobrenatural.


Capitel del Sueño de los Reyes Magos

Llama la atención la economía de medios en las figuras de los monarcas, caracterizados de igual manera que en el capitel de la Adoración, ya que los tres pernoctan en una sola cama y aparecen cubiertos por una manta compartida. Sumidos en un profundo sueño reciben la visita de un ángel que les avisa sobre la necesidad de no regresar por los dominios de Herodes (cuyo encuentro figura en otro capitel bastante deteriorado), indicándoles que deben seguir una estrella que será su guía.


La disposición en diagonal de la cama permite asomar al fondo la figura del ángel con las alas desplegadas, adquiriendo un papel activo en el que no pasan desapercibidas las sutilezas narrativas. En efecto, el ángel intenta no asustar a los durmientes, por lo que se limita a despertar al más cercano acariciándole suavemente los dedos de la mano, un gesto de delicadeza poco común en la iconografía medieval. Como consecuencia los Reyes se despiertan. El que nota las caricias tiene los ojos abiertos, el del centro entreabiertos y el tercero permanece completamente dormido. En este capitel subsisten restos de la primitiva policromía que le proporcionaba un aspecto bien distinto, prácticamente perdida en todos ellos.

En la escena se evidencia una intencionalidad malograda de mostrar una vista en perspectiva, siendo de nuevo sugeridos los volúmenes mediante sencillas incisiones practicadas sobre los paños que envuelven las figuras. Estos fallos de concepción espacial quedan compensados con los matices cargados de humanidad y que dotan a la imagen de unos valores expresivos que fueron muy bien aceptados en su tiempo, sirviendo la escena de modelo para otros escultores que copiaron y difundieron esta original iconografía a través de la Ruta Jacobea. Podemos recordar una versión de esta misma escena, con toda su policromía, plasmada en el cenotafio de los santos hermanos Vicente, Sabina y Cristeta de la Basílica de San Vicente de Ávila, una de las obras más sobresalientes de la escultura románica española.