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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 11 de enero de 2018

Pablo Palomo, In memoriam / por Manuel Herrero Presa




En fin Pablo, te tocó una larga temporada de estar malito y de pasarlo mal, con las vueltas que le darías a la cabeza, con tus sufrimientos y dolores. Ya estás con tu Virgen del Rocío, con la que siempre te ha guiado, y con tu Cristo del Porvenir.


PABLO PALOMO

Manuel herrero Presa
El caso es que me acabo de despertar soñando con él, y el sueño era que le estaba escribiendo esta carta. Son las cinco de la mañana y con lágrimas me pongo a anotar en el móvil todo o casi todo lo que me venía del sueño para que no se me olvidara cuando volviese a despertar por la mañana, cosa muy frecuente en los sueños.

Escribir a Pablo o de Pablo en estos momentos es de las cosas más difíciles que he hecho hasta ahora. Yo, que estoy acostumbrado a hacerlo de muchos amigos, en esta ocasión me tengo que meter dentro de él y desarrollarlo, y eso es difícil, ya que de ser así tengo que expresarme tal como él y yo lo haríamos. Voy a intentar escribirle como a él le hubiese gustado que lo hiciera en el “idioma-diálogo” Palomo-Herrero. Y además la cosa no está como para mentir ni meter trolas a estas alturas de mi vida y menos en la situación en que nos encontramos.

Describir como era Pablo para todos es una pérdida de tiempo por mi parte, ya que todos en mayor o en menor medida erais amigos de muchos años y sé que le queríais, y algunos le adorabais. Bueno, algo diré.

Os voy a hablar de la relación mía con él. Yo le conocí en Madrid al final de los años 60, cuando el se dedicaba al negocio de la compraventa de automóviles. Se encontraba visitando, de negocios, a un gran amigo que teníamos en Madrid que se llamaba y se llama Julio Álvarez (otro Grande) el cual tenía un negocio de compraventa de automóviles solo para profesionales, y que además era el amparador y paño de lágrimas para muchos amigos, entre ellos el que suscribe.

Enseguida que vi a Pablo y nos tratamos me di cuenta de la clase de persona que era. Pablo era un tío elegante, serio, si, serio, con personalidad, señorío, dicharachero, noble, generoso, luchador, buscavidas, trabajador, era guapo, si, era un tío que llegaba a la gente. Pablo era, con diferencia de muchos, como describo a pocos amigos que se han “ido”, un hombre que aparte de salir a buscarse la vida con su trabajo, salía a la calle a dar cariño, que es como hay que salir a la calle.

Como digo, ya entonces le vi esa luz que le diferenciaba de los demás. Pablo alumbraba hasta de día, que es cuando es mas difícil alumbrar.

Pablo fue una de esas personas que siempre contó con el cariño y el apoyo de muchos… era mucho lo que daba.

Pablo siempre tuvo y ha tenido el apoyo de toda su familia, de toda, muy en especial de sus hijos Pablo y Beatriz, y de la madre de sus hijos, los cuales le han adorado hasta el último día de su vida con el añadido del calor de sus nietos. 

Hay una persona entre sus amigos a la que quiero destacar sobre todos, ( no quiero decir nada de mi compadre Rafael Peralta porque sé que está destrozado de dolor con la pérdida de su amigo Pablo, y no quiero entregarme) no es otro que su compadre-hermano-amigo Manolo Galán, hombre fiel a su cariño desde los principios de su amistad, hasta el final de sus días.

Mis primeros recuerdos con ellos fueron una Candelaria a primeros de los 70 en la que Manolo organizaba, patrocinaba, se entregaba, y en la que Pablo ejercía de jefe, director, protagonista, maestro de ceremonias, con ese poder de convocatoria y esa personalidad con la que que nos reunía a todos en el Camino, en esas Paradas tan especiales de la época, y en las que Palomo, aparte de llevar todo por delante, le encantaba cocinar. Siempre le metía mano a la cocina para hacer filetitos de cerdo a la plancha con limón para que picáramos todos, y como es natural, al olor se acercaban decenas de caballistas a la voz de .- “Ahí está Pablo”.

Después, a renglón seguido, se ponía a cocinar un arroz con sabor a Gloria, el cual quedó para la historia, nuestra historia con una sevillana que le hice, bueno le hicimos, sobre la marcha , Rafael Peralta, los del Rio y yo, y que decía así : 

“Está Pablo Palomo guisando arroz / guisando arroz/ está Pablo Palomo guisando arroz/ está Pablo Palomo guisando arroz .

Guisando arroz, y le da su puntito, le da sabor/ y le da su puntito le da sabor.

(Y venía el estribillo que todos le cantábamos a la vez) 

Qué “aletazo” pega Pablo Palomo/ Qué “aletazo” / cuando mueve el arroz con ese cazo.

Él en ese momento, con su delantal y su cazo cogía el compás, y con sus dedos índice y pulgar se cogía el labio de abajo, como si fuera el anuncio de Martini, y a raíz de ahí giraba sobre una pierna doblando la otra, lanzando esa mano al viento en señal de júbilo.

Qué sabe nadie. Era único.

Quiero recordar a su primo Paco, rociero, trianero que siempre nos visitaba con su anécdotas, y cantes antiguos de la Hermandad.

Ay, las Candelarias también de mi casa, mejor dicho, de la casa de Amelita y mía, de Paloma y de Alfonso del Corral, de los Romillos, de los Aguado etc… Candelarias irrepetibles. Siempre todo el equipo unido, formando la revolución en los años que lo hicimos, Rafael Peralta, Mamer, Jóse y Concha, los del Río con sus señoras Remedios e Isabel, Pablo Palomo, Antonio Rey, Juan Gandullo, Pedro Carrasco, Rocío Jurado, Curro y Antonio, Manolito González Valverde y tantos otros amigos que ahora no me vienen a la memoria.

Después vino la unión con su amigo Manolo Prado ( yo fui el que le dijo a Manolo, “este es tu hombre en Sevilla”). Manolo me pidió la unión de todos para el próximo Rocío, y así fue como empezamos una nueva era. De ahí solo os voy a contar una anécdota de Pablo.

En uno de los Rocíos nos despistamos tomando copas y saludando por otras casas y coincidió que Manolo Prado necesitaba a Pablo en esos momentos en nuestra casa, y claro está, Pablo no se encontraba en la casa. Manolo preguntaba y repetía “¿dónde está Pablo?, ¿dónde está Pablo?”, así dos horas… hasta que Pablo apareció. Y va Manolo y le dice a Pablo: “Pablo llevo dos horas esperándote….” Y Pablo, con esa velocidad de reflejos, con ese puntito y esa gracia le contesta del tirón : “Po yo llevo esperándote 60 años a ti Manolo, así que…..”.

A renglón seguido de oir esto, nos “tiramos” todos al suelo, el primero Manolo Prado.

Como yo vivo en Madrid, hemos estado en contacto telefónico todas las semanas y siempre nos dábamos el parte de lo acontecido. Él siempre que iba a ver a la Virgen todos los sábados me decía “le he pedido por todos Manolo”.

Uno de los días me impresionó, le pregunte como siempre que cómo estaba la Virgen y va y me suelta .- Manolo, hoy está “GUAPISSSSIMA”, pues con ese “GUAPISSSSIMA”, vi a la Virgen como él me la estaba describiendo con una sola palabra. Guapísima, deslumbrante, feliz, luminosa, llena de vida.

A Pablo naturalmente le perjudicó en su estado de ánimo la pérdida de su amigo y compañero Ignacio Bolivar, otro buen hombre que se nos fue. Tantos años de convivencia y camaradería para que de repente verte en ese piso, con esa soledad del amigo ido.

Os voy a contar otra anécdota de Pablo, Ignacio y mía. Fue en un viaje a Marbella fuera de temporada, Pablo nos invitó al apartamento que él tenía en San Pedro de Alcántara. Salimos a cenar, Pablo, Ignacio, la perrita de Pablo y yo… y claro, después de la cena lo normal en Marbella, copas, música, amigos y más copas hasta altas horas de la madrugada. Decidimos volver a casa conduciendo yo mi coche, Pablo de copiloto y Bolivar detrás con la perrita, hasta llegar a un punto cerca de Banús en el que vimos las luces de la Guardia Civil en un control de alcoholemia, y al verlo Pablo, como un resorte pega un brinco en su asiento y va y dice gritando “¡Dios mío que ruina¡”. Yo, como iba muy centrado, voy y le digo: “No te preocupes Pablo que el que conduce soy yo, no va a pasar nada y voy a dar cero”.

Nos paran, me piden la documentación, me hacen soplar y al mismo tiempo que soplo la perrita ladrándole al guardia, GUAU GUAU, GUAU y así sin parar durante todo el control. Soplo y efectivamente doy cero. Después de comprobar todo nos dejan seguir, y cuando llegamos a la puerta de su casa le digo a Pablo: “Si yo sabía que iba a dar negativo, lo que a mi me ha preocupado es lo que pensarían los guardias de tres tíos con casi 70 años, en un coche con una perrita y de madrugada”. Y va y dice Pablo sin pensárselo, “Mariquitas”, y yo le contesté, “eso Pablo, eso, tres mariquitas con su perra nocturna”, y nos fuimos a dormir con la sonrisa en la boca recordando el momento tan gracioso, y el “hasta las trancas” de Pablo.

Después, siguiendo las historias del Rocío, vino la reunión con su entrañable, nuestro entrañable, amigo Pepe Estévez, otro Gran amigo que se fue. Decidimos todos aceptar la invitación que nos hizo para hacer el camino por Doñana y trasladar nuestra reunión a la de él y hacer el Camino con la Hermandad de Jerez. Nuestra reunión de los Peralta, los del Río, Pablo Palomo, Paloma, Amelita y yo, en los cuales tuvimos años de Gloría junto a Pepe y su organización. 

Ahí surgió la anécdota de “Ye suy enemorado de tuá”, donde cuatro chicas francesas, con sus trajes de flamencas y su hatillos, aparecieron despistadas y perdidas en la parada de nuestra organización una noche de Camino, a las que Pepe les dio posada, ya que no podían volver para atrás y no hubo mas remedio que ampararlas y que continuaran el camino junto a nosotros y nuestras señoras. Al día siguiente en la carriola Pablo no paraba de hablar con ellas con ese francés-español-trianero y la frase que mejor le salía con las copitas era, Ye suy enamorado de tuá. Frase con la que todos nos partíamos de risa y que me dio a mi la idea para la canción, que en el estribillo dice : 

“Mi amigo Pablo Palomo, qué flamenco es, cómo mueve los brazos y cómo mueve los pies. Mi amigo Pablo Palomo no se pué aguantar con ese arte que tiene de día y de madrugá. No para de cantar, no para de bailar, no para de gozar…”

La verdad es que a Pablo no se le podía aguantar de Arte.

En fin Pablo, te tocó una larga temporada de estar malito y de pasarlo mal, con las vueltas que le darías a la cabeza, con tus sufrimientos y dolores. Ya estás con tu Virgen del Rocío, con la que siempre te ha guiado, y con tu Cristo del Porvenir. Y como digo al principio de mi escrito me voy a meter dentro de ti y de tu mente para terminar éste relato. Seguro que habrás recordado el chiste que siempre nos contabas con tanta gracia, que era el de “SUTO O MERTE”, hoy por desgracia te tocó el de “MERTE”, a otros nos tocó el de SUTO, pero si así y todo te despidieras hoy de esta forma tan particular y humana, porque tu nunca dejarás de ser Pablo Palomo para mi, aun después de muerto, estoy seguro que me dirías: 

“Manolo, A QUE E TOCA, E TOCA”

Te quiero Pablo. Manolo Herrero