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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 10 de enero de 2018

Urge el estado de excepción tras el fracasado intento del 155 de conducir a Cataluña a la normalidad

Manifestacion de los golpistas en Bruselas por la independencia de Cataluña.
Fracasada pues la acción correctora del 155, apelamos a la aplicación del estado de excepción en Cataluña. Se trata de un régimen de excepción, contemplado en el artículo 116 de la Constitución, que puede declarar el Gobierno de España en situaciones especiales. ¿Acaso no vivimos la situación más extravagante y especial que imaginarse pueda cuando, más allá de lo probable, un golpista escapado de la Justicia española amenaza con establecer las reglas de juego y condiciones para la continuidad histórica de España? 

Urge el estado de excepción tras el fracasado intento del 155
 de conducir a Cataluña a la normalidad


Lo mejor de esta crónica es que está siendo escrita desde Andalucía, junto a Extremadura la región peninsular más alejada de Cataluña. Quizás por eso aquí seguimos siendo la reserva patriota y espiritual de España, lejos, muy lejos, de la pútrida influencia que la institucionalidad catalana ejerce sobre sus regiones vecinas de Aragón y Valencia. Habrán deducido mi escaso aprecio por ella. No hay ley ni norma no escrita que pueda obligarme a empatizar o a tratar de comprender sus delirios de grandeza. Reconozco que no los soporto. No soporto la falsedad de su relato histórico, su doble y ajado rostro, su identidad impostada, las ínfulas de garrulo que el charneguismo lleva dentro, su cobardía congénita, su permanente victimismo, su jerga de andar por casa. No soporto que se pasen el día quejándose cuando llevan siglos ordeñando la vaca española. No soporto sus trampas y lloros (“llora, catalán, y conquistarás el mundo”, sostiene uno de sus proverbios). Ni tampoco a los dos principales partidos nacionales que, habiendo podido acabar en un plis plas con el desafío de estos trileros, decidieron hacer la vista gorda y enquistar el problema.

Por si alguien tenía dudas, las negociaciones en Bruselas para la formación de un nuevo Gobierno en Cataluña, nos indica que la insurrección y el rechazo a nuestro ordenamiento jurídico siguen siendo ejes fundamentales de la acción política de los secesionistas. 

Nada ha cambiado en Cataluña desde la aplicación del 155 menos restrictiva que cabía. Algunos líderes sediciosos han sido encarcelados, sí, pero ya tienen sustitutos para continuar la obra de demolición de España. Los mantras que utiliza Elsa Artadi son idénticos a los de Puigdemont. Los ardides de la quejumbrosa Marta Rovira no difieren de los empleados por Junqueras. Las estructuras golpistas siguen intactas.

TV3 mantiene bien encendida la llama del odio a España. El adoctrinamiento prosigue en los colegios. Los medios informativos subvencionados son un permanente altavoz de las falacias secesionistas. El dinero fluye caudaloso desde entidades como ANC y Ònmium. En los municipios de la Cataluña profunda se respira el mismo aire intimidador y matonista que se respiraba en las localidades vascas gobernadas por los proetarras. Un asfixiante clima de impunidad se extiende sin apenas control. El periodista y productor Toni Soler se preguntó este viernes si se considera delito de odio “querer que un trailer atropelle a los miembros del Supremo” después de que el alto tribunal acordase mantener la medida de prisión provisional que pesa sobre el ex vicepresidente de la Generalitat de Cataluña y líder de ERC, Oriol Junqueras. Por llamar “cerdos” a gente como el susodicho, el que esto escribe fue objeto de una repugnante campaña criminalizadora en medios catalanes como la propia TV3.


Estado de excepción y reacción de la población catalana
 no contaminada por la ingeniería social

Todo lo anterior, sin embargo, queda empequeñecido ante la perspectiva, más que real, de que un prófugo de la Justicia española sea el que elija, en última instancia, a los miembros de la Mesa del Parlamento y del Gobierno de Cataluña. No hay jurista que pueda convencerme de que el interés general de los españoles deba someterse a los vericuetos legales utilizados por un puñado de golpistas para evitar la respuesta política del Estado en Cataluña. Tan disparatado como habría sido si Tejero y Milans del Bosch, a contrapelo del Código de Justicia Militar, hubiesen sido los encargados de renovar la cúpula castrense tras el fallido golpe del 23-F.

Fracasada pues la acción correctora del 155, apelamos a la aplicación del estado de excepción en Cataluña. Se trata de un régimen de excepción, contemplado en el artículo 116 de la Constitución, que puede declarar el Gobierno de España en situaciones especiales. ¿Acaso no vivimos la situación más extravagante y especial que imaginarse pueda cuando, más allá de lo probable, un golpista escapado de la Justicia española amenaza con establecer las reglas de juego y condiciones para la continuidad histórica de España? O lo que es lo mismo, subvertir las leyes y aprovecharse de esas mismas normas para proceder a la ruptura de todo el andamiaje institucional necesario para que España siga existiendo.

Urge el estado de excepción tras el fracasado intento del 155
 de conducir a Cataluña a la normalidad

Lo que empezó siendo una huida hacia adelante de Artur Mas para camuflar con la lona del independentismo los clamorosos casos de corrupción llevados a cabo por dirigentes de su partido, ha terminado convirtiéndose en el más grande desafío al que España haya tenido que hacer frente desde 1936. Por cierto, algún sociólogo tendría que explicarnos cómo es que el separatismo, siempre propenso al relato persecutorio para justificarse, apenas alcanzaba el 5 por ciento de la población catalana a la muerte del anterior jefe del Estado. Verbigracia: la extensión del separatismo ha sido consecuencia de un proceso de lobotomización colectiva llevado a cabo desde 1980 con el consentimiento y la complicidad de los distintos gobiernos de la democracia.

TV3 utilizó a niños para informar sobre la Diada

Tal vez por ello, Puigdemente esté menos sorprendido que nosotros de que un sector nada desdeñable de la población catalana haya sucumbido a su delirante desafío, lo que le obliga a continuar con su arriesgada huida hacia no sabemos dónde. Y como Puigdemente no tiene madera de héroe, y mucho menos de mártir, la esperanza de Rajoy y de su vicealbóndiga es que sea desbordado pronto por la misma gentuza que el nacionalismo catalán ha estado alimentando durante años. Al menos esto debería servir para que los españoles aprendan de una vez a conocer el verdadero rostro del separatismo catalán. Todas sus páginas están escritas a espada, a faca o a navaja barbera. Que esta lección no la olvidemos fácilmente.

Y dos mensajes a los catalanes de a pie que, en cuestión de pocos años, ha pasado de protestar contra los recortes en colegios y hospitales, contra la corrupción de CiU, contra la inseguridad en las calles, contra la discriminación a los autóctonos, contra la falta de plazas de escolares… a olvidarse de todo lo anterior para afiliarse al separatismo y repetir robóticamente las consignas que éste les lanza. El primero es que tienen enfrente a millones de españoles, que no es cualquier cosa. Hay quien es más feroz en frío que en caliente. Deberían haberlo aprendido de su anterior aventura secesionista de 1934.

El segundo, que hay muchos españoles, incluidos muchos catalanes, que no han sucumbido a la ingeniería social y que están dispuestos a dar su vida por España, como antes la dieron otros en Belchite, Guadalete, Breda, Leningrado, Pavía, Pensacola y Tlatelolco, entre otros lugares sembrados con sangre que es nuestra.


Reflexionado sólo un minuto, en la certeza de que dicho ejercicio mental no dañará ninguna zona de vuestros manipulados cerebros. ¿Por qué creéis que la casta política catalana y el islamismo han establecido un oscuro consorcio para ir contra España? ¿Puede ser bueno para vosotros lo que es bueno para la casta política catalana, el sionismo, el islamismo, la izquierda radical y la oligarquía catalana? ¿Por qué creéis que los nacionalistas se aferran tanto al apoyo que puedan prestarles todas esas organizaciones internacionales que están en la raíz de todos vuestros problemas? ¿Habéis pensado que si la independencia es buena para ellos, forzosamente no ha de serla para vosotros? ¿Creéis que si el nacionalismo representara los intereses genuinos del pueblo catalán y abordara problemas tales como la islamización que sufrís o la pérdida de vuestra identidad, sería tratado por la prensa internacional de forma tan exquisita? ¿Se han enfrentado alguna vez los nacionalistas catalanes a los salafistas, a las bandas latinas, a los manteros, a los okupas, a los antisistema de la extrema izquierda; en definitiva a los que promueven el odio y la xenofobia contra la población autóctona de Cataluña?


Vosotros y no ellos sois el verdadero pueblo catalán. Vuestros intereses difieren de los de esos políticos y financieros en expectativa de sacar tajada mientras se atrincheran en sus urbanizaciones de lujo y dan la espalda una y otra vez a vuestros problemas diarios. Incluyo entre vuestros enemigos a los curas y obispos satánicos que arremeten contra España desde sus púlpitos mientras les falta el valor de denunciar a los miles de yihadistas que florecen como hongos en vuestra región.

No les importa nada vuestro presente y mucho menos vuestro porvenir. No les importa que vuestros ancianos estén siendo asaltados a plena luz del día, o que la multiculturalidad haya convertido vuestros barrios en un verdadero asco, o que vuestros comercios soporten la competencia desleal de los ilegales, o que vuestras escuelas y hospitales carezcan de todo, o que no podáis ya ni pasear a vuestros perros por calles y parques, o que vuestros derechos sociales estén siendo pisoteados, o que vuestros hijos sean agredidos por un número cada vez mayor de pandilleros urbanos. Os están engañando y robando una y otra vez. Os han convertido en parias en vuestra propia tierra. No dejéis que sigan atacando y vejando a la nación que os terminará defendiendo de todos esos pillastres, sin más bandera, sin más nación y sin más ideal trascendente que arrebataros vuestra sangre y vuestro dinero.

Si España es lo que más odian todos esos granujas, ¿por qué no pensáis entonces que en España está vuestra solución y en ningún caso la causa de vuestros problemas?